Concepto acuñado por el filósofo inglés Joseph Glanvill, el clima de opinión nos rodea. Existen ciencias para medirlo, pero también hay lugar para lo inesperado, tal como el aleteo de una mariposa en Pekín puede desatar un huracán en México que contraríe el pronóstico del tiempo. Este blog de tendencias de opinión pública e influencia social pretende aportar elementos al "sensor cuasiestadístico" con que sondeamos el ambiente y ser un foro para intercambiar puntos de vista.
miércoles, 28 de septiembre de 2016
La gestión frente al horizonte electoral (3)
En el post anterior citamos un estudio elaborado por la consultora Ipsos y la Universidad de San Andrés. Entre sus principales resultados, arrojaba un empate técnico entre la aprobación y la desaprobación (47% a 44% considerando las acumuladas, una diferencia estadísticamente no significativa) y mostraba que seguridad, economía y empleo son las políticas oficiales peor evaluadas. Asimismo, según Diego Reynoso, profesor de la Universidad de San Andrés y director de Ipsos Public Affairs, un cuarto de la población está satisfecha y aprueba, guarismo que está en el orden de magnitud de los votantes que obtuvo Mauricio Macri en las PASO de agosto de 2015 (lo que puede considerarse su “núcleo duro”), mientras que la misma proporción aprueba al gobierno por ahora, pero comienza a manifestar su insatisfacción. "Esta es la proporción que, según nuestros sondeos, viene reduciéndose. Una proporción que, ante los problemas de desempeño, le da el beneficio de la duda al gobierno, pero que comienza a contraerse lentamente" (ver datos arriba; click para agrandar). Ese drenaje hace que la insatisfacción trepe al 44% y se aproxime al 48,6% que votó al FPV en el ballotage del 22-N.
"Los tres grupos valoran de manera diferente las diferentes políticas públicas y varían de región en región. Las bases del apoyo electoral en la campaña se basaron en generar positivamente expectativas, las bases del apoyo electoral al gobierno se basarán en el desempeño. Medir la satisfacción de la opinión pública y conocer los mecanismos que la producen es un termómetro que los gobernantes deben considerar con más cuidado", agregó el especialista. En ese marco, el informe arroja que la satisfacción política e institucional no repunta y va erosionando la aprobación del gobierno, que desde el 72% en enero se contrajo al 47% en agosto. “Desde luego, el pico se debió al cambio de autoridades que al menos una mitad de la población deseaba. Pero, de manera sostenida, la gestión fue erosionando la aprobación", detalló Reynoso. Así, la (in)satisfacción acerca de 'como marchan las cosas en el país' se mantiene en un promedio de 4,7 (en la escala del 1 al 10), del mismo modo que la (in)satisfacción con los diferentes poderes del Estado, incluido el Ejecutivo (4,4)". "En particular, las políticas respecto de las cuales la población está menos satisfecha son seguridad y empleo (3.8) y economía y energía (4.0), mientras turismo (5.1), relaciones exteriores y ciencia y tecnología (5.0) son aquellas en las que la opinión pública está más satisfecha", explicó el analista.
Un panorama similar surge de la última encuesta de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). El trabajo realizado por el programa PASCAL de la UNSAM se basó en 2.100 entrevistas a personas de todo el país pertenecientes al panel político de consulta habitual y a 940 personas seleccionadas de modo probabilístico, para un total de 3.040 casos, con un margen de error de +/- 2,6% y un nivel de confianza del 95%. El estudio reveló una caída en la confianza que poseen los argentinos en la capacidad del gobierno para revertir la situación económica. Asimismo, 46,5% rechaza el desempeño del gobierno nacional (similar al 44% que vimos en el estudio de San Andrés/Ipsos) y 30,2% lo acepta (cerca también del 25% de satisfechos en ese estudio). El 55,3% de los argentinos respondió que confía en que el Gobierno sacará a flote los vaivenes económicos, mientras que en julio creía eso el 59,3%. En tanto, 36,4% considera que Mauricio Macri no podrá revertir la situación de crisis, respecto al 33,5% de la medición anterior. Segmentando por identidad política del votante, 84% de los seguidores de Cambiemos se mostró confiando. Lo mismo ocurre con 67% de los votantes de Sergio Massa y con apenas 26% de Daniel Scioli. El informe también reflejó que la desocupación sigue siendo el principal problema del país en la actualidad, con 19,8% de las adhesiones, 4% más que en el mes anterior. Le siguen la inflación, con 18,9%, y la corrupción, con 18,3%. "Las personas de mayor nivel educativo están más preocupadas por la corrupción, mientras que las personas de menor nivel educativo están más preocupadas por la inflación", señala el estudio.
El informe profundiza en la segmentación del 46,5% que rechaza el desempeño del gobierno nacional y el 30,2% que lo aprueba. "En relación a los perfiles sociodemográficos, se destacan entre los más críticos a los sectores de mayor nivel educativo (pésimo: 26%) y entre los más favorables los mayores de 65 años (muy bueno: 33%)", subrayó el documento. Si bien la confianza en el gobierno baja, se detecta una mejora perceptiva respecto al issue inflación. La mención de la suba generalizada de precios como problema perdió 6 puntos porcentuales intermensuales. Además, el 40,5% respondió que el costo de vida aumentó "mucho", una caída en relación a la medición anterior, donde el valor era de 55%. Quienes creen que los precios subieron "levemente" sumaron 31,1%, mientras que casi 20% dijo que se mantuvieron en el "mismo nivel" (7%). Al indagar en la situación económica personal de los entrevistados, cede levemente el segmento que prevé que estará "peor" el próximo mes. En agosto, 43,7% de los encuestados estimó problemas económicos hogareños, mientras que en julio ese mismo grupo llegaba a 47%; los que consideran que estarán "igual" bajaron de 46,8% a 45%. En cuanto a la situación económica del país, según la UNSAM 4 de cada 10 estimaron que "seguirá igual", mientras que la categoría "está peor" disminuyó de 57% a 49%. "En ese sentido, la percepción de empeoramiento de la economía nacional ha disminuido constantemente desde la medición del mes de junio", afirma el reporte. En cambio, al analizar las expectativas económicas personales se observa un pesimismo algo mayor en comparación a las mediciones anteriores: un 29% afirma que estará "mejor" en los próximos 6 meses, cuando un mes atrás eran 33%. Asimismo, 30,6% piensa que estará "igual" (antes, 29%) y 31,3% afirmó que estará "peor". "En la segmentación por los perfiles políticos de los encuestados, aquellos que votaron a Macri en segunda vuelta se muestran más optimistas (47%), mientras que los que votaron a Scioli son más pesimistas (56%)", remarca el informe.
lunes, 26 de septiembre de 2016
La gestión frente al horizonte electoral (2)
Del estudio de CEPA citado en el post anterior se desprende también algún matiz en la posibilidad de pagar los aumentos entre la ciudad de Buenos Aires y el conurbano: mientras que en el conurbano 73,1% manifestó tener dificultades para pagar el aumento original implementado por el gobierno, en la ciudad el 65,8% dijo tener problemas para afrontar ese gasto. En términos de ingresos, el 80% de quienes ganan menos de 8.000 pesos indicó las dificultades para pagar servicios. “Son servicios que no se pueden dejar de pagar. Entonces, las familias empiezan a hacer malabares y a ver qué dejan de pagar: las expensas, la patente, dejar de comprar ropa”, advirtió el director de CEPA, Carlos De Angelis. El 81,3% de los que ganan menos de 8.000 pesos reconoció que recortó otros gastos para pagar las tarifas, mientras que en los que ganan más de 8000 pesos el 75% indicó que debió hacer ajustes. Los recortes se vieron más pronunciados entre los porteños: el 80,1% respondió que inició el “sinceramiento” de la economía familiar.
“El estudio indica que había una necesidad de cambio, pero no en estas magnitudes. La población se encuentra con que son inaceptables, porque se empiezan a complicar los presupuestos familiares y va a ser muy difícil pagar. Casi el 75% tiene dificultades con estos montos. Y, además, con la perspectiva de que sigan aumentando. Sólo el 13% piensa que no se van a seguir incrementando”, indicó De Angelis. Además, el 56% considera que, pese a los aumentos, el servicio no va a mejorar. “Cuando preguntabas hace tres meses, había esperanza. Había gente que decía ‘lo nuevo, Macri, se levanta el cepo’. Ahora las respuestas se van hacia la preocupación y mirar el bolsillo propio. Incluso, muchos de sus votantes están en esta situación y con la incertidumbre que cómo sigue”, indicó el sociólogo. Esto, a su vez, viene permeando en la imagen del Gobierno, según surge de la encuesta: el 32,6% lo evaluó como “bien” o “muy bien” mientras que el 44% lo encontró como “mal” o “muy mal”. El núcleo duro de Cambiemos, a partir de este estudio, pareciera ser pequeño. El 17,3% de los encuestados dijo que acuerda en todo con el oficialismo, mientras que el 42,3% en “algunas cosas” y el 40,4% no acuerda.
La encuesta también indagó sobre cómo cambiaron los consumos a partir del aumento de tarifas. Por ejemplo, con la carne: el 22% dejó de consumir, un 45% redujo la calidad y sólo el 26% mantuvo intacto sus compras en ese rubro. En tanto, más de 70% redujo o directamente eliminó las salidas a comer afuera, mientras que un 65% recortó su compra de ropa y calzado. “En los 80, estaba más dividido lo que comían las clases pudientes y las clases bajas. Aparecieron las segundas marcas, algo que se repitió en 2001. Hoy, se está ochentizando el consumo. El 45% dice que suspendió comer afuera”, advirtió el sociólogo. Un 54% contestó que tuvo que endeudarse para pagar gastos cotidianos. El 64,2% por ciento de los encuestados consideró que su poder adquisitivo empeoró este año. “Están planteando que cayó su calidad de vida –advirtió De Angelis–. Esto puede producir un cimbronazo en el Gobierno”.
Esta línea interpretativa, consistente con la premisa analítica de que son los efectos socioeconómicos los que construyen a mediano y largo plazo las tendencias de opinión pública (más que los vaivenes de la coyuntura), se ratifica al observar los datos del último informe Indicadores de Satisfacción Político-Institucional (IPSI) que elaboran Ipsos y la Universidad de San Andrés, publicado a principios de septiembre: el 77% de la población mayor de edad, es decir tres de cada cuatro electores que viven en la Argentina, considera que la situación económica en el país es "muy" o "bastante mala". Los datos surgen de encuestas online (1.001 casos) realizadas mediante panel de la encuestadora Ipsos y por fuera del panel con reclutamiento vía páginas de internet. Se trata de respuestas a cuestionario estructurado compuesto por preguntas cerradas y semiabiertas. El informe indica que "la satisfacción con cómo marchan las cosas en el país se mantuvo estable en 4,7, mientras que 25% de los encuestados se muestra satisfecho, versus 44% de insatisfechos". "La satisfacción con los distintos poderes del Estado tampoco sufrió modificaciones en los últimos 30 días", resaltó el estudio ISPI, y subrayó que "seguridad, empleo y economía siguen siendo las políticas peor evaluadas; sólo 1 de cada 5 considera que la situación económica es buena". En el informe también se destaca que, si bien los datos son más o menos homogéneos, los índices –entre 1 y 10– de los distintos poderes tenían una distinta valoración: Ejecutivo, con 4,4; Legislativo, 4,3; y el Judicial, 4,1. Entre las políticas públicas, la peor valorada es la seguridad, con 3,8 puntos –sobre un total de 10– al igual que la del empleo, seguida por la energía, la economía y la Justicia. La mejor valorada es, con apenas 5,1 puntos, la del turismo y la ciencia y tecnología. El relevamiento, de todos modos, también resaltó que el presidente Mauricio Macri tiene una aprobación del orden del 40% (trepa al 47% si se suma un 7% que no hace ni una cosa ni la otra, pero se inclina más a aprobar; adviértase que el gráfico dice, erróneamente, 48%), contra el 37% que la desaprueba (que trepa a 44% si se suma un 7% que no hace una cosa ni la otra, pero se suma al desaprueba; también acá el gráfico suma un punto extra, dando 45%). Más allá de estas observaciones, en el estudio anterior, la aprobación lineal era del 47% y la acumulada del 54%, mientras que la desaprobación lineal era del 33% y la acumulada del 40%). Esto pone de manifiesto el desgaste sufrido por la gestión, ya que 7 puntos se desplazan de la aprobación a la desaprobación (ver datos arriba; click para agrandar).
jueves, 22 de septiembre de 2016
La gestión frente al horizonte electoral (1)
Una encuesta de la Consultora Dicen realizada entre los días 29 y 31 de agosto pasado en los 24 partidos del Gran Buenos Aires muestra al FPV a la cabeza de la intención de voto (en dos escenarios alternativos), y al oficialismo (Cambiemos) disputando el segundo lugar con el Frente Renovador. En el primer escenario que se sondeó, la fórmula Cristina Fernández-Daniel Scioli (en 2017, provincia de Buenos Aires renueva senadores y diputados nacionales) obtiene un 38%, sacándole una apreciable ventaja a las demás listas. En segundo lugar aparecen empatados los binomios Sergio Massa-Margarita Stolbizer (Frente Renovador) y Elisa Carrió-Jorge Macri (Cambiemos) con un 23% de intención de voto.
Respecto a la medición anterior, la fórmula del oficialismo muestra una mejora en su performance, ya que en julio aparecía con 15%. Sin embargo, esos guarismos no son buenos para el gobierno, dado que una eventual derrota en el distrito que concentra el 38% de los votos del total nacional requeriría de resonantes victorias en el resto del país o al menos en los otros tres distritos más gravitantes; de ellos, sólo Capital Federal es un bastión del oficialismo (Córdoba y Santa Fe son gobernados por signos políticos diferentes a los que integran Cambiemos). El segundo escenario sondeado por la consultora que dirige Hilario Moreno aparece más prometedor para el gobierno nacional. La fórmula del peronismo no K encabezada por Florencio Randazzo y Gabriel Katopodis (uno de los intendentes del Grupo Esmeralda) obtendría un 29% de los votos, en situación de empate técnico con el binomio Massa-Stolbizer (FR), con un 27%, mientras que la fórmula Carrió-Macri se mantendría en un 23%. Con el tándem Randazzo-Katopodis, el peronismo cede 9 puntos porcentuales y el massismo crece 3, mientras que Cambiemos se acerca a la pelea por el primer lugar (ver datos arriba; click para agrandar). La recolección de datos se realizó telefónicamente con tecnología IVR (respuesta de voz interactiva), que utiliza preguntas pregrabadas que los entrevistados responden por medio del teclado. La selección de hogares se realizó a partir de una muestra aleatoria de teléfonos fijos. Posteriormente, los resultados fueron ajustados por parámetros censales de municipio, sexo, edad, nivel educativo y voto en el ballotage. La cantidad de casos efectivos fue de 400 en el conurbano; esto es pertinente, dado que en el interior de la provincia de Buenos Aires las tendencias podrían ser diferentes.
Aun con esos matices, todas las encuestas que venimos revisando en provincia de Buenos Aires y conurbano bonaerense muestran que, si las elecciones fueran hoy, Cambiemos estaría peleando el segundo o tercer puesto en intención de voto. Falta mucho para la elección y pueden modificarse esas tendencias, pero hoy la foto es nítida: la posibilidad de una derrota en el conglomerado más gravitante de todo el país es, principalmente, una traducción político-electoral de los efectos socioeconómicos que la gestión de gobierno del presidente Mauricio Macri ha generado en la zona metropolitana. Así, una encuesta del Centro de Opinión Pública y Estudios Sociales (CEPA) de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires realizada de manera telefónica en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense a fines de julio (casi simultánea al estudio de Management & Fit que citamos en el primer post de la serie anterior) sobre una muestra de 1.097 casos arrojó que dos tercios de los residentes en ese conglomerado vieron reducirse su capacidad adquisitiva en los últimos meses. El 81% de las personas que ganan menos de 8.000 pesos mensuales debió recortar gastos para poder pagar las tarifas de los servicios, porcentaje que apenas baja al 75% entre los que ganan más de 8.000 pesos. Asimismo, 2 de cada 10 dejaron de consumir carne, mientras que un 45% eligió cortes de menor costo para sostener ese consumo.
En la misma línea que vimos oportunamente en el último estudio nacional de Ibarómetro, el trabajo de CEPA también relativiza el argumento oficial de la “pesada herencia”: detecta un amplio acuerdo en que las tarifas debían aumentarse, pero a la vez un rechazo con los porcentajes de los incrementos. Sólo 12% estuvo de acuerdo con los aumentos tal y como fueron aplicados, mientras que un 20% rechazó cualquier tipo de suba de tarifas de luz, gas, agua y transporte. Para más datos, el rechazo a los aumentos que aplicó el gobierno de Mauricio Macri no varía por nivel de ingresos ni por zona de residencia: entre los que ganan más de 20 mil pesos, el rechazo fue del 63% por ciento. Entre los porteños –donde el PRO/Cambiemos se impuso holgadamente en las presidenciales– la falta de acuerdo trepa al 70% por ciento. “Cuando se mira el tema de la tarifa, parece que todo el mundo descontaba que iban a aumentar, porque también Cristina Fernández de Kirchner en 2011 había arrancado con esto de la sintonía fina. Ahora, la gente esperaba un 30% o un 40% . Ni en las peores pesadillas se imaginó un 2.000 por ciento”, indica el director de CEPA, Carlos De Angelis. Este análisis se reactualiza ahora que el gobierno propone una suba de alrededor del 200% para los clientes residenciales, de todos modos muy por encima de las expectativas previas de la opinión pública.
miércoles, 21 de septiembre de 2016
De los efectos socioeconómicos a la traducción político-preelectoral (3)
De la encuesta de Rouvier y Asociados que citamos en el post anterior también puede inferirse que la burbuja de expectativas va quedando atrás, para dejar paso a un sinceramiento (ver datos arriba; click para agrandar). Así, casi el 32% (31,6%) confía en que Macri logrará hacer un gran gobierno (guarismo que está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por la sumatoria de Cambiemos en las PASO de 2015, es decir un 30%, y los votos que alcanzó Mauricio Macri en la primera vuelta, un 34%). En cambio, un 41,4% cree que hará un mal gobierno, guarismo algo por encima de los votos obtenidos por el FPV en las primarias del año pasado (38%), pero inferior al 48,6% que alcanzó Daniel Scioli en el ballotage del 22-N. Un 25%, en tanto, cree que hará un gobierno regular; este segmento es el que traduce cómo se van desinflando las expectativas en el oficialismo conforme pasan los meses, y es cercano al orden de magnitud de los votos obtenidos por Sergio Massa en primera vuelta (casi 21%).
Otros estudios de alcance nacional confirman este desgaste. Así, una encuesta de la consultora Gustavo Córdoba & Asociados con 1.200 casos a nivel país indagó los sentimientos de la coyuntura. Ante la pregunta ¿Qué le inspira el gobierno de Macri?, un 25,5% respondió que le inspira “Esperanza” y un 17% “Tranquilidad”; por contrapartida, un 24,8% aseguró que le inspira “Incertidumbre” y otro tanto (24,6%) afirmó que le da “Temor”. La sumatoria de sentimientos negativos (49,4%) supera a la de los positivos (42,5%), y el primer lugar en el estado de ánimo está compartido por un sentimiento favorable y dos desfavorables (dado que la brecha porcentual entre “Esperanza”, “Incertidumbre” y “Temor” no es estadísticamente significativa). El desempeño en estas dimensiones no es escindible de los efectos socioeconómicos que venimos analizando: el 46,4% de los argentinos señaló que actualmente “No ahorra pero le alcanza para vivir”, un 28,4% afirma que “No nos alcanza para vivir” y un 23% que “Actualmente ahorramos algo”. Respecto al aumento de tarifas frenado por la justicia, un 49,9% señaló “Me afectó mucho”, un 32,2% “Me afectó algo” y un 12,5% destacó que “Me afectó poco”.
También hay una traducción política de la coyuntura en la aprobación de la gestión presidencial de Mauricio Macri. Un 20,1% dijo aprobarla totalmente y un 26% que la aprueba parcialmente, mientras que un 17,4% la desaprueba parcialmente y un 35,3% la desaprueba totalmente. La sumatoria de la aprobación alcanza el 46,1%, lo que confirma que el acompañamiento perforó el umbral del 50% (algo que ya venimos viendo en otros estudios), mientras que la desaprobación trepa al 52,7%. La diferencia entre aprobación y desaprobación es de 6,6 puntos porcentuales y estadísticamente significativa. Mientras la primera ya está en un orden de magnitud inferior a los votos obtenidos por Macri en el ballotage, la segunda está por encima de los obtenidos por Scioli. Asimismo, no es un dato menor que el núcleo más intenso de desaprobación sea el numéricamente el de más volumen: 35,3% de desaprobación total, en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Scioli en la primera vuelta presidencial (37%) y por encima del voto duro del kirchnerismo en sus elecciones nacionales más flojas desde que llegó al poder en 2003 (algo más del 30% en las legislativas del 2009 y alrededor del 27% en las primarias del 2013).
Por contrapartida, el oficialismo conserva todavía cierto crédito de cara al 2017: en relación a cómo ven el futuro de la economía, un 44% señaló que mejorará dentro de un año, 26,9% consideró que empeorará y un 15,1% que seguirá igual. Hacia adelante, para traducir esa expectativa en percepción de mejora y apuntalar sus chances para la elección legislativa de medio término del próximo año, el gobierno de Cambiemos necesita imperiosamente mostrar mejoras económicas para revertir un panorama que se va complicando cada mes y cuyas claves, insistimos, pasan más por los efectos socioeconómicos de fondo que por la coyuntura política. Datos al respecto: un relevamiento realizado por la Comisión de Economía del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Córdoba (CPCE) calculó la caída de los salarios reales (descontada la inflación) en función del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de nueve provincias para el año pasado, del IPC de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) en lo que corresponde hasta mayo y sobre la base de proyecciones de aumentos de precios minoristas para el segundo semestre del año, suponiendo una recomposición salarial por paritarias del 33,7% en tres tramos. Así, la entidad concluyó que los salarios de los trabajadores en relación de dependencia registrados perdieron en promedio en lo que va del año 12% de poder de compra, pero hay sectores como la construcción donde la reducción fue del 18,5%. Esto fue resultado de que las paritarias quedaron muy por detrás de los niveles inflacionarios que terminaron registrándose en los primeros seis meses del 2016. Además de los trabajadores de la construcción, los sectores más perjudicados pertenecen a los rubros petrolero (17,1%), automotriz (16,5%), comercio (15%) y empleados públicos (13,4%). Mary Acosta, economista de la Comisión, destacó que esa caída corresponde a los trabajadores registrados. “Hay que esperar que entre los empleados en situación irregular, esta baja en el poder adquisitivo sea mayor”, aseguró. Según la Comisión, esta reducción en el salario real determinó las caídas en los indicadores de consumo del 2,5% hasta casi 15% en supermercados, centros de compra y otros canales minoristas. En este marco, no descartaron que se genere una mayor conflictividad social en este segundo semestre, aunque en eso también será clave cómo evolucione la variable empleo.
martes, 20 de septiembre de 2016
De los efectos socioeconómicos a la traducción político-preelectoral (2)
En lo político, el primer semestre de 2016 tuvo matices: el gobierno alternó éxitos en lo que había definido como objetivos de su programa de gestión (como fue el fin del cepo y el pago a los holdouts) y reveses (como el aumento de tarifas). En cambio, a nivel de los efectos socioeconómicos, el balance fue decididamente malo. En estos meses revisamos datos duros tanto como encuestas que confirman una performance desfavorable en esas dimensiones, que un estudio de Kantar Worldpanel terminó por redondear. De acuerdo al informe de esta consultora especializada en consumo, el 78% de las familias hizo "ajustes" durante el primer semestre, y el consumo de los hogares registró una contracción del 4% en el primer semestre del año con respecto al mismo período del 2015. El rubro más afectado fue bebidas; a la tendencia negativa se sumaron lácteos y cuidado personal, y en todos los casos se aceleró la caída de frecuencia de compra, afectando a las categorías más prescindibles. Mientras, alimentos, infusiones, congelados y cuidado del hogar lograron mantener su volumen relativamente estable, en la mayoría de los casos desde categorías básicas en detrimento de aquellas prescindibles. En este marco, el único nivel socioeconómico que pudo sostener su consumo fue el Alto Medio, segmento en el cual Kantar engloba al 22% de la población; el resto realizó ajustes, los cuales fueron mayores a medida que se desciende en la pirámide, y los hogares de menores recursos fueron los más afectados.
Esos datos de consumo permiten entender por qué todas las encuestas revisadas (Ibarómetro la primera; luego, confirmaron la misma tendencia CEOP, Poliarquía y Fara y Asociados) detectan que la opinión pública percibe a un gobierno nacional que beneficia relativamente más a las clases altas que a la media y la baja; en términos políticos, un gobierno de minorías. El mismo Consumer Insights de Kantar Worldpanel que señala que el consumo de los hogares disminuyó un 4% en el primer semestre con respecto al mismo período del año pasado marca a la vez que los sectores con más recursos no bajaron su consumo, sino que lo aumentaron (si bien a un nivel magro), mientras que los ubicados del medio hacia abajo de la pirámide de ingresos lo redujeron, principalmente los menos desfavorecidos. La desagregación de la evolución del consumo masivo por nivel socioeconómico en el primer semestre del 2016 según Kantar Worldpanel fue la siguiente: Alto+medio: + 1%; Medio bajo: -4%o; Bajo superior: -6%. Bajo inferior: -9%. Peor todavía, esa tendencia se mantuvo en el comienzo del segundo semestre. El Indicador Mensual de Consumo del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala presentó una disminución del 5,0% en julio respecto al mismo mes del año anterior, lo que implica la séptima caída consecutiva. El índice se elabora a partir de un conjunto de variables con elevada correlación con el consumo privado: crédito real al sector privado, ventas de autos nacionales, componentes de la recaudación tributaria y ventas minoristas, entre otros. El acumulado desde diciembre impacta: - 8%. De acuerdo a la estratificación social de consumidores de Kantar Worldpanel, los sectores medios y bajos han registrado una poda aún mayor (del 12% al 16%) en sus niveles de consumo con el índice del ITE de la Fundación Germán Abdala. En esa misma línea interpretativa, el informe de Cifra-CTA explica que los distintos indicadores de consumo no sólo presentan una tendencia negativa desde fines del 2015, sino que además se ha profundizado a lo largo de 2016. El motivo principal señalado por los investigadores de ese centro de estudios es la contracción de los salarios reales, que impactó sensiblemente en el consumo de la población.
Con indicadores de consumo en descenso, caídas de facturación e índices de producción industrial retrocediendo en la mayoría de los rubros, la economía parece haber ingresado en el círculo vicioso que entrevió Fara en la cita que hicimos recientemente en el blog: “Desde el punto de vista psicosocial, cuando la gente se asusta no consume, y a partir de ahí nada encaja”. Es notorio que el oficialismo apuesta a reconvertir la matriz en favor de la inversión, pero esta tampoco arranca en la magnitud necesaria para superar la actual recesión inducida por el golpe al consumo doméstico que generaron la mayoría de las medidas de gobierno de Cambiemos. El mal arranque del segundo semestre en las expectativas y los indicadores de gestión que vimos en el post anterior en las cifras de Management & Fit trazan un horizonte de riesgo de cara al año electoral que se avecina. En la misma fecha en la que se hizo esa encuesta, pero ya en el próximo año (concretamente, la medianoche del 25 de julio de 2016) se anotarán las boletas para las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) del 14 de agosto, ensayo general de las legislativas del 23 de octubre.
La elección de medio término para Cambiemos es todo un desafío, porque es casi una regularidad estadística que los oficialismos sufran reveses en las legislativas intermedias. Excepciones: Raúl Alfonsín en 1985 (cuando el mandato presidencial duraba 6 años), Carlos Menem en 1991 (también con un primer mandato de 6 años), y Néstor Kirchner en 2005. En cambio, confirman la regla 1987, segunda legislativa para Alfonsín, cuando la UCR perdió a manos de la renovación peronista liderada por Antonio Cafiero; 1997, cuando Menem fue derrotado por la Alianza; 2001, cuando la UCR fue derrotada por el peronismo; 2009 y 2013, cuando el kirchnerismo fue derrotado por frentes opositores en la estratégica provincia de Buenos Aires y otros distritos clave, aunque conservó la primacía en la sumatoria total nacional. En ese marco, según Rouvier y Asociados, es clave que en agosto pasado la imagen del presidente Mauricio Macri retomó la tendencia descendente. Para más datos, por primera vez en los registros de esa consultora, la opinión negativa (50,6%) supera a la positiva (47%), si bien la brecha no es estadísticamente significativa e implica un empate técnico (ver datos arriba; click para agrandar). En la misma línea, la opinión sobre la tarea del gobierno nacional también descendió, ubicándose por debajo de la imagen personal del presidente (ver datos debajo; click para agrandar). En este caso, la diferencia entre la positiva (44,8%) y la negativa (54,4%) es de 9,6 puntos porcentuales, estadísticamente significativa. En ambos casos, las valoraciones favorables perforan el 50% (umbral crítico de Morris).
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