En opinión pública se define al candidato ideal de acuerdo a lo que en el imaginario social y la opinión de los votantes representa la personalidad política perfecta (y deseada). Ese imaginario refleja el consenso tácito al que llegan los ciudadanos luego de un complejo proceso de valoración colectiva en el que intervienen tres dimensiones: la coyuntura actual (presente), la historia reciente (pasado) y las expectativas de cambio (futuro). La noción de candidato ideal obliga a los equipos estratégicos de campaña a ajustar o intentar acercar la personalidad de su candidato real a los rasgos que constituyen la noción de ideal. Por otro lado, en estudios de opinión pública también se trabaja con la noción de candidato esperado, que se distingue del ideal por focalizar aquellas cualidades más estimadas por los votantes en un horizonte de expectativas. Mientras que el candidato ideal sería aquel que brinda al electorado certezas o expectativas razonables de resolución de un amplio escenario de problemas, el esperado cubre expectativas de resolución de los problemas prioritarios o urgentes. En términos de teoría de la elección, el candidato ideal representa la opción maximizadora, mientras que el esperado representa un óptimo, es decir lo mejor dentro de lo posible (no ideal, pero sí algo lo suficientemente bueno como para merecer la elección). La noción de candidato esperado es, además, consistente con el planteo de posicionamiento: el mensaje de campaña debe concentrar su impacto en la selección de algún o algunos problemas jerarquizados o detectados como prioritarios en la agenda del público.
¿Qué dicen las últimas encuestas sobre el perfil del presidente esperado en 2027? Según La Sastrería y Trespuntozero (gráfico arriba), casi 32% de las menciones se refieren a características como honesto y transparente. Luego, aparecen algunas asociadas directamente al actual mandatario: casi 7% dice que debe ser como Javier Milei, casi 15% que debe ser empático y cercano a la gente (una de las críticas más frecuentes al libertario), casi 4% dice “respetuoso y tolerante”, casi 3% menciona “cuerdo-mentalmente sano” (dos puntos débiles de Milei) y 2,1% dice que debe ser lo contrario a él.
Es interesante que junto a una respuesta clásica como mención principal (que tiene que ver con lo que en la jerga se llama “deseabilidad social”, es decir, lo que se supone que corresponde o queda bien contestar) aparezcan respuestas vinculadas a algunas de las aristas más polémicas del actual presidente y poco usuales en la tradición de investigaciones. Haciendo foco en que sea “cuerdo- mentalmente sano”, el mismo informe aborda la cuestión del equilibrio emocional: casi 86% lo considera importante, y la apertura por variables sociodemográficas como sexo, edad, nivel educativo y zona confirma la transversalidad de esa valoración (gráfico arriba).
Que la gestión Milei ha instalado en la agenda discursiva de la opinión pública el tema de su presunta inestabilidad mental se confirma en la última encuesta nacional de Delfos: el 6% de los electores argentinos mencionó ese como el principal problema a nivel país (gráfico arriba).
El mismo informe confirma a los problemas de salud mental e inestabilidad psicológica al tope de las críticas entre quienes califican negativamente a la gestión presidencial, junto con la falta de empatía y agresividad, otro rasgo también cuestionado de manera persistente (gráfico arriba). En tanto, la última encuesta nacional de Proyección Consultores destaca a la honestidad/transparencia y la empatía con la gente en el top 5 de atributos más valorados por los electores (gráfico abajo).
¿Qué sucede con el perfil de “outsider”, que claramente capitalizó Milei luego de la doble decepción con el gobierno de Cambiemos entre 2015 y 2019 y el del Frente de Todos entre 2019 y 2023? Recordemos que el libertario obtuvo 30% de los votos en las primarias de 2023 y la primera vuelta presidencial de octubre del mismo año. Según La Sastrería y Trespuntozero, 29,1% prefiere un presidente que no venga de la política (gráfico abajo), lo que se ubica en el mismo orden de magnitud de ese antecedente. En sentido contrario, casi la mitad prefiere lo contrario.
En la misma línea, la última encuesta de Trends a nivel país reportó un tercio de electores dispuesto a votar a un outsider, vs 46% que no (gráfico abajo).
En síntesis, las últimas mediciones nacionales muestran que la estabilidad mental, el equilibrio emocional y la capacidad de empatía y moderación se han instalado como demandas del electorado hacia 2027, mientras que el perfil disruptivo mantiene atractivo para una porción del electorado, pero sigue siendo una preferencia minoritaria.






