Venimos citando hasta ahora seis encuestas que muestran a Mauricio Macri estancado o en retroceso y, por contrapartida, a Sergio Massa firme en el orden de los 20 puntos (lo que obtuvo el frente UNA en las primarias de agosto) o incluso más: son las mediciones de De Angelis, Query, González y Valladares, Raúl Aragón, Poliarquía y CEOP. Existen otras dos que muestran este panorama de “suma cero” relativamente favorable a Massa y relativamente desfavorable a Macri: Aresco, que ubica a Daniel Scioli (FPV) con 41,4% de intención de voto, Macri (Cambiemos) con 28,5%, Massa (UNA) con 21%, Margarita Stolbizer (Progresistas) con 4%, Nicolás del Caño (FIT) con 3% y Adolfo Rodríguez Saá (Compromiso Federal) con 2,1%. Por su parte, Equis, del consultor Artemio López, muestra a Scioli con 39,6%, Macri con 25,2% y Massa con 22,8%.
Si recalculamos nuestro promedio “Nate Silver” con estas 8 mediciones cuyo denominador común es la resiliencia de Massa (a costa de una meseta o retroceso para Macri, más que para Scioli), obtenemos 40,1% para el candidato del FPV, 28,3% para el líder del PRO y 21,8% para el candidato del Frente Renovador/UNA. Esto implica que, con lo justo, Scioli podría imponerse en primera vuelta, dado que supera el 40% y le saca 11,8 puntos porcentuales a Macri (“grieta” que se ensancha respecto al resultado de las primarias de agosto, medida frente a frente). Macri, en cambio, aunque queda confirmado como segundo más votado y principal candidato opositor, ve reducirse la brecha sobre el tercero a sólo 6,5 puntos porcentuales, por debajo de los 10 puntos logrados en las primarias (ya sea que se los midiera candidato a candidato o frente a frente). Por ello, el escenario resulta favorable a Scioli, aunque no garantiza la victoria sin ballotage, porque supera escasamente el 40%.
Ahora bien, en septiembre también hubo, fuera de estas 8 mediciones que muestran la resiliencia de Massa, encuestas que arrojan escenarios alternativos donde el tigrense no llega a los 20 puntos (o sea, está por debajo de la sumatoria de lo que obtuvo UNA en las primarias, resignando votos propios o bien parte del caudal de su aliado, el gobernador José Manuel de la Sota). Son las siguientes: una del CEOP (de Roberto Bacman, anterior a la citada antes), que ubica a Scioli con 40,8%, a Macri con 30,5%, Massa 19%, Stolbizer con 4,3%, Del Caño 2,7%, Rodríguez Saá 2%. Una del CEIS (Fernando Larrosa), con Scioli en 39%, Macri en 30%, Massa en 18%, Stolbizer en 5%, Del Caño en 2%, Rodríguez Saá en 1,5%; otra de Aresco (anterior a la citada arriba), con Scioli en 40,6%, Macri en 29,4%, Massa 18,1%, Stolbizer 5,4%, Del Caño 3,6%, Rodríguez Saá 2,8%. Asimismo, una encuesta de Ipsos-Mora y Araujo, que se destaca por ser la que hasta ahora muestra a Scioli más cerca del 45% (con proyección, es decir sin indecisos y sobre votos positivos, como ilustra el gráfico de arriba) : 42,6%, contra 29,4% de Macri, 19% de Massa, 5,6% de Stolbizer, 2,8% Del Caño, 1,9% Rodríguez Saá; Ricardo Rouvier y Asociados, con Scioli en 41,2%, Macri en 31,1%, Massa en 19,9%, Stolbizer en 3,5%, Del Caño 2,4%, Rodríguez Saá 1,9%; Elypsis, con Scioli en 39,7%, Macri en 31,1%, Massa en 18,2%, Stolbizer en 4,9%; finalmente, el consultor Hugo Haime, con Scioli en 40,5%, Macri en 30,2%, Massa en 15,7% (esta es la medición más baja para Massa de todas las citadas, o sea, la que muestra un escenario más polarizado entre Scioli y Macri), 3,5% para Stolbizer, 2,3% para Del Caño y 3,5% para Rodríguez Saá.
Calculando nuestro promedio “Nate Silver” con estas 7 mediciones cuyo denominador común es que Massa cae por debajo de los 20 puntos (o sea, resigna votos obtenidos por el frente UNA en las primarias), obtenemos 40,6% para Scioli, 30,1% para Macri y 18,3% para Massa. Nuevamente, Scioli se impondría en primera vuelta, dado que cruza los 40 puntos y obtiene 10,5 puntos porcentuales de ventaja sobre el segundo, Macri, que obtiene lo mismo que sumó el frente Cambiemos en las primarias (o sea, retiene su caudal propio y suma los votos de Ernesto Sanz y Elisa Carrió, pero no más). La diferencia entre la primera serie de 8 encuestas y la segunda de 7 es que en esta la grieta entre Scioli y Macri (10,5 puntos) se agranda respecto a las primarias, pero la brecha entre Macri y Massa también se mantiene por encima de los dos dígitos (11,8 puntos). Es decir, mientras las primeras 8 mediciones sugieren resiliencia de Massa y despolarización o polarización asimétrica, las segundas 7 insinúan una polarización débil.
Concepto acuñado por el filósofo inglés Joseph Glanvill, el clima de opinión nos rodea. Existen ciencias para medirlo, pero también hay lugar para lo inesperado, tal como el aleteo de una mariposa en Pekín puede desatar un huracán en México que contraríe el pronóstico del tiempo. Este blog de tendencias de opinión pública e influencia social pretende aportar elementos al "sensor cuasiestadístico" con que sondeamos el ambiente y ser un foro para intercambiar puntos de vista.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
lunes, 28 de septiembre de 2015
Una grieta que se agranda, una brecha que se achica (1)
En las entradas sobre el cierre de agosto basadas en la primera serie de 8 encuestas posteriores a las PASO del domingo 9 veíamos que el promedio “Nate Silver” de esas mediciones nos daba 38,6% para Daniel Scioli (FPV), 31,2% para Mauricio Macri (Cambiemos) y 18,8% para Sergio Massa (UNA). Por fuera de los candidatos del podio, teníamos 4,2% para Margarita Stolbizer (Progresistas), 2,4% para Nicolás del Caño (FIT) y 2% para Adolfo Rodríguez Saá (Compromiso Federal). Haciendo foco en los tres principales candidatos, la serie mostraba mayor diferencia entre el segundo y el tercero, es decir, entre Macri y Massa (12,4 puntos porcentuales en promedio) que entre Scioli y Macri (7,4% en promedio, o sea por debajo de la registrada en las primarias, que fue de más de 8 puntos, medida de frente a frente, es decir, FPV versus Cambiemos). Eso insinuaba una potencial polarización de cara a octubre: el segundo se acercaba al primero, y se alejaba del tercero.
Hasta ahora, las encuestas de septiembre muestran un cambio en esa tendencia. Si a las cuatro mediciones cuyas cifras ya citamos (De Angelis, Query, González y Valladares y Raúl Aragón) les agregamos una encuesta de Poliarquía que sitúa a Scioli con 40,8%, a Macri con 29,5% y a Massa con 20,1% y, a su turno, una encuesta del CEOP que le da al candidato del FPV 41,6%, al de Cambiemos 29,2% y al de UNA 20,2%, tenemos un panorama sensiblemente diferente. En este caso, Scioli obtiene un promedio de 39,9%, Macri de 28,8% y Massa de 21,8%. Aquí, la “grieta” entre Scioli y Macri se estira hasta 11,1 puntos porcentuales, contra los 8,6 (redondos) que habían arrojado las PASO y los 7,4 puntos de diferencia que surgían de la primera serie de 8 encuestas posteriores a las primarias. En cambio, la brecha entre Macri y Massa se achica: pasa a ser de 7 puntos porcentuales, contra los 10 que habían dejado los resultados de las primarias (ya sea que se midiera candidato a candidato o frente a frente) y muy por debajo de los 12,4 puntos promedio de diferencia entre ambos que dejaban las primeras 8 encuestas pos PASO.
Medidas las grietas y la brecha entre serie de encuestas, las diferencias son estadísticamente significativas: entre Scioli y Macri, sube del 7,4% al 11,1%, y entre Macri y Massa cae del 12,4% al 7%. O sea, Scioli estira su ventaja sobre Macri, mientras que Massa acorta la brecha que lo separa del líder del PRO y candidato de Cambiemos. Scioli sigue siendo claramente el primero y Macri conserva su posición de segundo, pero ahora se ve amenazado por Massa. Esa situación no aparecía en los primeros 6 sondeos revisados; por ello, había allí latencia de una futura polarización Scioli-Macri, que esta segunda serie de encuestas no confirma.
Lo que esta serie de 6 encuestas recientes sí confirma es que la ventaja del oficialismo sobre el principal opositor tiende a estirarse, mientras que Macri aparece estancado o incluso con un leve retroceso respecto a las primeras encuestas pos-PASO (y la sumatoria del voto del frente Cambiemos en las primarias). Ignacio Ramírez, director de la consultora Ibarómetro, acuñó la expresión “polarización asimétrica” para ilustrar este fenómeno: “la intención de voto a Daniel Scioli se basa esencialmente en que hay una mayoría de ciudadanos que creen que el balance de los doce años de kirchnerismo es bueno o muy bueno, y Scioli representa más la continuidad que el cambio, o una continuidad con cambios. Del otro lado, hay un amplio espectro de ciudadanos que consideran que el balance del kirchnerismo es malo o muy malo y con su voto apoyan a alternativas de cambio: la cuestión es que esos ciudadanos se dividen entre los que respaldan, principalmente, a Mauricio Macri y los que votan por Sergio Massa. Eso le permite a Scioli sacar una diferencia de importancia, aunque también aparece como el candidato con más condiciones para gobernar (…) en los últimos meses, hemos observado un voto oficialista estable e intermitencias en las preferencias del electorado opositor, lo cual ha configurado una suerte de polarización asimétrica”. Una forma de graficar este proceso es acudir a nuestra acostumbrada figura de la boca del yacaré: a tenor de estas 6 encuestas, pareciera abrirse de a poco la boca de este reptil entre Scioli y Macri y, por contrapartida, cerrarse un tanto entre Macri y Massa.
Hasta ahora, las encuestas de septiembre muestran un cambio en esa tendencia. Si a las cuatro mediciones cuyas cifras ya citamos (De Angelis, Query, González y Valladares y Raúl Aragón) les agregamos una encuesta de Poliarquía que sitúa a Scioli con 40,8%, a Macri con 29,5% y a Massa con 20,1% y, a su turno, una encuesta del CEOP que le da al candidato del FPV 41,6%, al de Cambiemos 29,2% y al de UNA 20,2%, tenemos un panorama sensiblemente diferente. En este caso, Scioli obtiene un promedio de 39,9%, Macri de 28,8% y Massa de 21,8%. Aquí, la “grieta” entre Scioli y Macri se estira hasta 11,1 puntos porcentuales, contra los 8,6 (redondos) que habían arrojado las PASO y los 7,4 puntos de diferencia que surgían de la primera serie de 8 encuestas posteriores a las primarias. En cambio, la brecha entre Macri y Massa se achica: pasa a ser de 7 puntos porcentuales, contra los 10 que habían dejado los resultados de las primarias (ya sea que se midiera candidato a candidato o frente a frente) y muy por debajo de los 12,4 puntos promedio de diferencia entre ambos que dejaban las primeras 8 encuestas pos PASO.
Medidas las grietas y la brecha entre serie de encuestas, las diferencias son estadísticamente significativas: entre Scioli y Macri, sube del 7,4% al 11,1%, y entre Macri y Massa cae del 12,4% al 7%. O sea, Scioli estira su ventaja sobre Macri, mientras que Massa acorta la brecha que lo separa del líder del PRO y candidato de Cambiemos. Scioli sigue siendo claramente el primero y Macri conserva su posición de segundo, pero ahora se ve amenazado por Massa. Esa situación no aparecía en los primeros 6 sondeos revisados; por ello, había allí latencia de una futura polarización Scioli-Macri, que esta segunda serie de encuestas no confirma.
Lo que esta serie de 6 encuestas recientes sí confirma es que la ventaja del oficialismo sobre el principal opositor tiende a estirarse, mientras que Macri aparece estancado o incluso con un leve retroceso respecto a las primeras encuestas pos-PASO (y la sumatoria del voto del frente Cambiemos en las primarias). Ignacio Ramírez, director de la consultora Ibarómetro, acuñó la expresión “polarización asimétrica” para ilustrar este fenómeno: “la intención de voto a Daniel Scioli se basa esencialmente en que hay una mayoría de ciudadanos que creen que el balance de los doce años de kirchnerismo es bueno o muy bueno, y Scioli representa más la continuidad que el cambio, o una continuidad con cambios. Del otro lado, hay un amplio espectro de ciudadanos que consideran que el balance del kirchnerismo es malo o muy malo y con su voto apoyan a alternativas de cambio: la cuestión es que esos ciudadanos se dividen entre los que respaldan, principalmente, a Mauricio Macri y los que votan por Sergio Massa. Eso le permite a Scioli sacar una diferencia de importancia, aunque también aparece como el candidato con más condiciones para gobernar (…) en los últimos meses, hemos observado un voto oficialista estable e intermitencias en las preferencias del electorado opositor, lo cual ha configurado una suerte de polarización asimétrica”. Una forma de graficar este proceso es acudir a nuestra acostumbrada figura de la boca del yacaré: a tenor de estas 6 encuestas, pareciera abrirse de a poco la boca de este reptil entre Scioli y Macri y, por contrapartida, cerrarse un tanto entre Macri y Massa.
viernes, 25 de septiembre de 2015
Resiliencia de Sergio Massa: implicancias (3)
El efecto del carro ganador (“bandwagon”) estaría favoreciendo a Daniel Scioli como candidato más votado y, a la vez, el efecto del candidato menos favorecido (“underdog”) aún no termina de resolverse entre Mauricio Macri (el “mejor segundo”) y Sergio Massa (el tercero en discordia, que resiste la polarización). Por ello, las últimas encuestas muestran una convergencia en un escenario del tipo 40%-30%-20%, que no permite descartar una victoria oficialista en primera vuelta el 25 de octubre pero tampoco que sea necesario ir a un ballotage el 22 de noviembre: la diferencia entre que pase una cosa u otra hoy cae dentro de los errores muestrales de las mediciones de referencia.
Así, una polarización que se demora en producirse perjudica hoy relativamente a Macri más que a Scioli, ya que el líder del PRO necesita cruzar el umbral de los 30 puntos para forzar el ballotage, mientras que a Scioli le bastaría llegar al 40% más un voto si el candidato de Cambiemos perfora el 30%. Además de las cifras de De Angelis, Query y González y Valladares, una cuarta encuesta coincide en ese panorama: según Raúl Aragón, Scioli (FPV) alcanza 39,8%, Macri 27,5% y Massa 23,1%. A tenor de estos guarismos, Scioli sube 1,1 puntos porcentuales respecto de las primarias, mientras que Macri crece respecto a su propio voto como candidato individual pero cede 2,6 puntos porcentuales en relación a lo obtenido por el Frente Cambiemos. Massa, en cambio, avanza 2,6 puntos porcentuales respecto a la sumatoria del sello UNA en las PASO, lo que implicaría que no sólo consolida su voto propio y encolumna el obtenido por el gobernador José De la Sota, sino que además crece sobre otros segmentos electorales que no eligieron a ese frente el 9 de agosto.
Aunque todas las variaciones revisadas oscilan entre la nula y la baja significatividad estadística (por estar cercanas o dentro del error muestral), la amenaza para Macri viene dada por lo siguiente: el voto de Massa se compone de un mix de votantes de perfil filo-PJ o más permeables al oficialismo (no menos de un 36%, y hasta un 50% según algunas encuestas) y un mix de electores de perfil más bien opositor (entre el 64% y el 50%, con el mismo criterio). Si Scioli, pese a la resiliencia de Massa, crece (o, de mínima, mantiene su caudal electoral), quiere decir que el tigrense avanza sobre electores de perfil más bien opositor, el segmento en el que la competencia entre Macri y Massa se resuelve en un juego de suma cero: lo que uno gana, otro lo pierde.
En el caso de las encuestas de De Angelis, Query, González y Valladares y Aragón, la diferencia promedio entre Macri y Massa, ensayando un “Nate Silver” con esas 4 mediciones, es de 5,9 puntos porcentuales: 28,5 contra 22,6. Se trata de una diferencia estadísticamente significativa, porque es mayor al error muestral. Esto implica un relativo alivio para el líder del PRO: la posición de “mejor segundo” que consiguió en las PASO aún se mantiene. El problema para Macri es que si no se produce una mínima polarización que lo proyecte como principal candidato opositor por encima de los 30 puntos (en las primarias, él individualmente obtuvo 24,3%) sino que, por el contrario, Massa lo arrastra hacia la baja o lo frena, crecen las chances de que Scioli alcance poco más de 40 puntos y le saque los 10 de ventaja que clausuran la elección presidencial sin necesidad de segunda vuelta.
Así, una polarización que se demora en producirse perjudica hoy relativamente a Macri más que a Scioli, ya que el líder del PRO necesita cruzar el umbral de los 30 puntos para forzar el ballotage, mientras que a Scioli le bastaría llegar al 40% más un voto si el candidato de Cambiemos perfora el 30%. Además de las cifras de De Angelis, Query y González y Valladares, una cuarta encuesta coincide en ese panorama: según Raúl Aragón, Scioli (FPV) alcanza 39,8%, Macri 27,5% y Massa 23,1%. A tenor de estos guarismos, Scioli sube 1,1 puntos porcentuales respecto de las primarias, mientras que Macri crece respecto a su propio voto como candidato individual pero cede 2,6 puntos porcentuales en relación a lo obtenido por el Frente Cambiemos. Massa, en cambio, avanza 2,6 puntos porcentuales respecto a la sumatoria del sello UNA en las PASO, lo que implicaría que no sólo consolida su voto propio y encolumna el obtenido por el gobernador José De la Sota, sino que además crece sobre otros segmentos electorales que no eligieron a ese frente el 9 de agosto.
Aunque todas las variaciones revisadas oscilan entre la nula y la baja significatividad estadística (por estar cercanas o dentro del error muestral), la amenaza para Macri viene dada por lo siguiente: el voto de Massa se compone de un mix de votantes de perfil filo-PJ o más permeables al oficialismo (no menos de un 36%, y hasta un 50% según algunas encuestas) y un mix de electores de perfil más bien opositor (entre el 64% y el 50%, con el mismo criterio). Si Scioli, pese a la resiliencia de Massa, crece (o, de mínima, mantiene su caudal electoral), quiere decir que el tigrense avanza sobre electores de perfil más bien opositor, el segmento en el que la competencia entre Macri y Massa se resuelve en un juego de suma cero: lo que uno gana, otro lo pierde.
En el caso de las encuestas de De Angelis, Query, González y Valladares y Aragón, la diferencia promedio entre Macri y Massa, ensayando un “Nate Silver” con esas 4 mediciones, es de 5,9 puntos porcentuales: 28,5 contra 22,6. Se trata de una diferencia estadísticamente significativa, porque es mayor al error muestral. Esto implica un relativo alivio para el líder del PRO: la posición de “mejor segundo” que consiguió en las PASO aún se mantiene. El problema para Macri es que si no se produce una mínima polarización que lo proyecte como principal candidato opositor por encima de los 30 puntos (en las primarias, él individualmente obtuvo 24,3%) sino que, por el contrario, Massa lo arrastra hacia la baja o lo frena, crecen las chances de que Scioli alcance poco más de 40 puntos y le saque los 10 de ventaja que clausuran la elección presidencial sin necesidad de segunda vuelta.
miércoles, 23 de septiembre de 2015
Resiliencia de Sergio Massa: implicancias (2)
Otros dos estudios recientes de alcance nacional abonan la hipótesis de resiliencia de Sergio Massa: la última encuesta de la consultora Query sitúa a Daniel Scioli (FPV) con 40% de intención de voto, a Mauricio Macri (Cambiemos) con 30,4% y a Sergio Massa (UNA) con 20%. Aquí, Massa sostiene casi el 100% del caudal obtenido por la sumatoria de sus votos y los del gobernador José De la Sota (20,5%, o sea que resignaría sólo medio punto porcentual, resistiendo la polarización), mientras que Scioli crece 1,3 puntos respecto de las PASO y Macri 0,3.
Según esta encuesta, el FPV logra 9,6 puntos porcentuales de diferencia respecto a Macri, el opositor mejor ubicado (o "mejor segundo"). Esa brecha no le alcanza al oficialismo para imponerse en primera vuelta, pero lo deja muy cerca del objetivo. Le bastaría con subir un poco por encima del 40, o que Macri perfore los 30 puntos, para eludir el ballotage. Precisamente ese panorama es el que muestra el último estudio de Poliarquía, que ubica a Scioli con 40,8% (crece 2,1 puntos porcentuales respecto a las PASO), a Macri con 29,5% (cede 0,6 puntos porcentuales en relación al resultado obtenido por el Frente Cambiemos en las primarias) y a Massa con 20,1% (cede 0,4 puntos porcentuales en relación a lo que sumó el sello UNA el 9 de agosto). Nuevamente, el líder de UNA/Frente Renovador logra resistir la polarización, pero su resiliencia beneficia relativamente a Scioli y perjudica relativamente a Macri, que queda a 11,3 puntos del oficialismo, lo que abre la posibilidad de que el FPV se imponga en octubre sin necesidad de ballotage. Por supuesto, el escenario es estricto y para nada definido: como todas las variaciones entre las primarias y esta encuesta son estadísticamente no significativas, bastaría un pequeño movimiento para abrir nuevamente la posibilidad de ballotage.
Aun con ese matiz, una lectura interpretativa de la foto que dejan estas encuestas sin escenario de polarización pasa por una serie de hipótesis donde confluyen dos efectos bien asentados en la literatura respecto a la difusión de sondeos: el carro ganador (“bandwagon”) y el del candidato menos favorecido (“underdog”). La diferencia es que en este caso los efectos no son posteriores a la publicación de una encuesta por sí sola, sino a una elección primaria como la del 9 de agosto (lo que amplifica su impacto comunicacional). El efecto del carro ganador es el arrastre que beneficia al más votado, y se explica por la necesidad humana de sumarse al clima de opinión dominante. En este caso, tendería a favorecer a Scioli, que según la encuesta de Poliarquía es el único de los tres candidatos del podio que crece respecto a las primarias, si bien en una medida muy exigua aún en términos estadísticos (y bien lejos del promedio estimado por nosotros en este blog como predictor hacia octubre, que era de 5 puntos).
Por el contrario, entre Macri y Massa hay una dinámica de "efecto de candidato menos favorecido" no resuelta. Respecto del oficialismo, la figura más competitiva (el “mejor segundo”, una posición que no existió en las primarias presidenciales del 2011, lo que abonó la dispersión opositora, contra la cual descolló el triunfo de CFK por 54%) es Macri, a tenor del resultado de las primarias (ya que obtuvo como candidato individual 10 puntos porcentuales más que Massa y, como integrante del frente Cambiemos, otro tanto respecto de UNA). Sin embargo, el sentimiento de “simpatía por el más débil” que reside en el concepto del efecto underdog todavía tiene un clivaje en Massa, lo que lo hace resistir la dinámica de polarización y le impide, más a Macri que a Scioli, capitalizar el voto útil de cara a la primera vuelta de octubre.
Según esta encuesta, el FPV logra 9,6 puntos porcentuales de diferencia respecto a Macri, el opositor mejor ubicado (o "mejor segundo"). Esa brecha no le alcanza al oficialismo para imponerse en primera vuelta, pero lo deja muy cerca del objetivo. Le bastaría con subir un poco por encima del 40, o que Macri perfore los 30 puntos, para eludir el ballotage. Precisamente ese panorama es el que muestra el último estudio de Poliarquía, que ubica a Scioli con 40,8% (crece 2,1 puntos porcentuales respecto a las PASO), a Macri con 29,5% (cede 0,6 puntos porcentuales en relación al resultado obtenido por el Frente Cambiemos en las primarias) y a Massa con 20,1% (cede 0,4 puntos porcentuales en relación a lo que sumó el sello UNA el 9 de agosto). Nuevamente, el líder de UNA/Frente Renovador logra resistir la polarización, pero su resiliencia beneficia relativamente a Scioli y perjudica relativamente a Macri, que queda a 11,3 puntos del oficialismo, lo que abre la posibilidad de que el FPV se imponga en octubre sin necesidad de ballotage. Por supuesto, el escenario es estricto y para nada definido: como todas las variaciones entre las primarias y esta encuesta son estadísticamente no significativas, bastaría un pequeño movimiento para abrir nuevamente la posibilidad de ballotage.
Aun con ese matiz, una lectura interpretativa de la foto que dejan estas encuestas sin escenario de polarización pasa por una serie de hipótesis donde confluyen dos efectos bien asentados en la literatura respecto a la difusión de sondeos: el carro ganador (“bandwagon”) y el del candidato menos favorecido (“underdog”). La diferencia es que en este caso los efectos no son posteriores a la publicación de una encuesta por sí sola, sino a una elección primaria como la del 9 de agosto (lo que amplifica su impacto comunicacional). El efecto del carro ganador es el arrastre que beneficia al más votado, y se explica por la necesidad humana de sumarse al clima de opinión dominante. En este caso, tendería a favorecer a Scioli, que según la encuesta de Poliarquía es el único de los tres candidatos del podio que crece respecto a las primarias, si bien en una medida muy exigua aún en términos estadísticos (y bien lejos del promedio estimado por nosotros en este blog como predictor hacia octubre, que era de 5 puntos).
Por el contrario, entre Macri y Massa hay una dinámica de "efecto de candidato menos favorecido" no resuelta. Respecto del oficialismo, la figura más competitiva (el “mejor segundo”, una posición que no existió en las primarias presidenciales del 2011, lo que abonó la dispersión opositora, contra la cual descolló el triunfo de CFK por 54%) es Macri, a tenor del resultado de las primarias (ya que obtuvo como candidato individual 10 puntos porcentuales más que Massa y, como integrante del frente Cambiemos, otro tanto respecto de UNA). Sin embargo, el sentimiento de “simpatía por el más débil” que reside en el concepto del efecto underdog todavía tiene un clivaje en Massa, lo que lo hace resistir la dinámica de polarización y le impide, más a Macri que a Scioli, capitalizar el voto útil de cara a la primera vuelta de octubre.
martes, 22 de septiembre de 2015
Análisis de la elección de intendente en Córdoba, programa Política y Economía en CBA24N
https://www.youtube.com/watch?v=chSWY4caG5o
Compartiendo el análisis de la elección de intendente con el consultor Roberto Schreiner y el conductor Jorge Navarro...
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