miércoles, 29 de noviembre de 2023

Un escenario muy volátil en términos de gobernabilidad (nota publicada en CBA24N)

Ayer martes 28 de noviembre se publicaron los resultados del escrutinio definitivo de la elección del 19 de noviembre. Javier Milei, de La Libertad Avanza (LLA) obtuvo 55,65% de los votos y Sergio Massa, de Unión por la Patria (UP) 44,35%. Pese a la amplia diferencia sobre su contrincante (11,3 puntos porcentuales), el presidente electo enfrenta un gran desafío, con poco menos de 50% de alta expectativa inicial vs casi 49% de poco o nada según la última encuesta nacional de CB Consultora, lo que confirma que persiste una situación polarizada (gráfico arriba).


A eso se suma que sólo el núcleo duro de votantes de LLA avala la posibilidad de implementar un gran ajuste: menos del 30% (porcentaje que se ubica en el mismo orden de magnitud del voto que obtuvo en primarias y en primera vuelta): más de la mitad (53%) sólo apoya un ajuste moderado que no afecte educación, salud ni ayuda social, y 15,4% rechaza cualquier ajuste (gráfico arriba).  Esto limita la posibilidad de llevar adelante un programa de “shock” como el que Milei pretende para evitar los riesgos de lo que él concibe como “gradualismo” y al cual atribuye el fracaso de la gestión de su reciente aliado, el ex presidente Mauricio Macri. 

En ese marco, Milei enfrenta el riesgo de que su capital político se diluya rápidamente en un contexto de ajuste, dado que la negatividad en redes sociales se mantiene como el sentimiento ampliamente dominante, según Metadata (gráfico arriba). La positividad apenas arañó el 40% durante el lunes pos elecciones, pero rápidamente volvió a ubicarse en torno al 30% en la primera semana después del 19-N, duplicada por el pesimismo.   


El frente “de apuro” estructurado entre LLA y la fracción del PRO que lidera el ex presidente Macri es otro flanco que Milei debe atender a efectos de estructurar una alianza que evolucione desde el éxito electoral del 19-N hacia una coalición de gobierno capaz de sortear las dificultades de la coyuntura. Una primera minoría de casi 36% cree que el ex presidente no debe tener nada de participación en el gobierno de Milei, lo que se ubica en el mismo orden de magnitud del voto de UP en la primera vuelta (casi 37%). Por otro lado, apenas 25,3% de los electores cree que el ex presidente tiene que tener mucha participación (guarismo que se ubica en el orden de magnitud del voto obtenido por Juntos por el Cambio en octubre, 23,8%). Así, el presidente electo debe calibrar la injerencia y los espacios que le asigne a Macri, dado que el segmento de 34,1% que se inclina por darle “algo de participación” es seguramente el que mejor expresa el caudal propio de LLA (gráfico arriba).  

Esas tensiones también se trasladan a la coalición parlamentaria que Milei necesita estructurar para su gobierno. Tanto en la Cámara de Senadores como en la de Diputados, UP tiene la primera minoría (gráfico arriba). En el Senado, LLA necesitaría alinear a todo JXC para alcanzar 31 bancas y aun así quedaría a 6 del quórum, con lo cual depende de tres condiciones 1) que JXC no se fracture 2) ser capaz de lograr aliados provinciales para sus proyectos 3) que esas alianzas provinciales no entren en conflicto con la alianza inicial con Macri.

En la Cámara de Diputados, LLA sólo podría alcanzar el quórum alineando a todo JXC. De ahí las tensiones instaladas por consagrar al próximo presidente de ese recinto: Macri reclama ese cargo para JXC (con preferencia para Cristian Ritondo) mientras que Milei negocia con el peronismo disidente, pero la diferencia que le aportaría Juntos en términos de escaños está muy por encima de la que podría acercar una figura como Florencio Randazzo, ex candidato a vicepresidente de Juan Schiaretti. En cualquier caso, sólo si se dieran las hipótesis de máxima Milei tendría una gobernabilidad relativamente viable; según un reciente informe de Llorente y Cuenca, eso podría construirse apelando a una estrategia dialoguista en la Cámara Baja, pero sería relativamente más difícil de lograr en la Alta (gráfico arriba).   

En síntesis, esto perfila una gobernabilidad difícil de construir para el flamante presidente electo, a lo que se suma un mapa de gobernadores sin referencias propias (gráfico arriba). Esto perfila un gobierno que tendrá un período de gracia muy corto, en un contexto de volatilidad político-electoral de máxima intensidad, como demostró el turno electoral 2023.  

lunes, 20 de noviembre de 2023

Un escenario que las encuestas no previeron (nota publicada en CBA24N)

Según el escrutinio provisorio, Javier Milei de La Libertad Avanza (LLA) obtuvo casi 55,7% de los votos (más de 14,4 millones) y Sergio Massa, de Unión por la Patria (UP) 44,3% (más de 11,5 millones; gráfico arriba). Eso arroja una brecha de casi 11,4 puntos porcentuales que ninguna de las últimas encuestas publicadas anticipó: de hecho, la mejor aproximación relativa fue la de consultora Explanans, que 11 días antes del ballotage (es decir, previo a la veda de difusión de datos de intención de voto) reportó 53,3% vs 43,7%, respectivamente, una ventaja de 9,6 pp que, para un error muestral de +/1,54%, puede considerarse una estimación razonablemente buena del resultado de ayer (gráfico abajo).

En la primera vuelta, la mejor aproximación a la diferencia que obtuvo Massa en octubre (6,79 pp sobre Milei) la había aportado la consultora Atlas Intel, proyectando 4,4 pp. Respecto al ballotage, identificó acertadamente la ventaja del libertario, pero con una diferencia exigua: apenas 3,6 pp en su último corte, realizado ya en plena veda de datos, con LLA en 51,8% vs 48,2% de Massa (gráfico abajo).

Lo que sí pudieron identificar acertadamente las encuestas fue que la participación sería menor que en la primera vuelta: pasó del 77,65% en octubre al 76,31% en noviembre (siempre según el escrutinio provisorio). La caída fue exigua (1,34 pp) entre ambos turnos electorales, pero resulta más significativa cuando se la compara con la elección presidencial de 2015, referencia obligada dado que fue el anterior ballotage: ese año, la participación superó el 80% tanto en la primera vuelta como en la segunda (gráfico abajo), con una caída entre octubre y noviembre sensiblemente menor, apenas 0,3 pp. Comparando con 2015, en 2023 la afluencia fue 3,42 pp menor en primera vuelta y 4,46 pp en la segunda.

También cayó el voto en blanco: había sido del 2,04% (552 mil votos) en octubre y pasó al 1,55% (417 mil) en noviembre. Esto pone en evidencia el bajo predicamento de las formaciones políticas que no se pronunciaron de cara al ballotage, empezando por el radicalismo y terminando por la izquierda; salvo casos aislados, ninguna de esas fuerzas definió un posicionamiento respecto a los candidatos que disputaron la presidencia ayer, pero sus votantes no acompañaron esa prescindencia. A este síntoma de crisis de representación se suma otro, de mayor importancia para lo que viene. Nunca como antes de este ballotage se expresaron tantos colectivos en contra de un candidato: sindicatos, iglesias, clubes de fútbol, asociaciones, movimientos de género, comunidades universitarias y artísticas. Sin embargo, la coalición de apuro estructurada entre LLA y la fracción del PRO que lidera el ex presidente Mauricio Macri logró un acompañamiento mayoritario, reinstalando a pleno y exitosamente la “grieta” entre el pan-peronismo y el antiperonismo, al punto de que Milei se impuso en 21 de los 24 distritos electorales del país (gráfico abajo). Punto a favor de la democracia: el sistema, al menos desde la perspectiva de las condiciones para la alternancia política, funciona de manera impecable, dado que en diciembre veremos el tercer traspaso de mando presidencial con cambio de signo político incluido.

Finalmente, el repaso territorial permite contextualizar la dificultad de las encuestas para anticipar el escenario de ayer: Milei recuperó el voto de las provincias del Norte Grande argentino que habían empujado la levantada de Massa en las generales de octubre. Se impuso en Jujuy, Salta, La Rioja, Tucumán, Catamarca, Misiones, Corrientes y Chaco (si bien en este caso lo hizo por un margen mínimo). Es decir, ganó en ocho de las 10 provincias que integran la región. UP sólo pudo vencer en Santiago del Estero y Formosa, cuando en la primera vuelta había ganado en siete distritos. De ese modo, aunque por debajo de las grandes diferencias que concretó en la franja central del país, el Norte Grande le brindó al libertario una victoria de casi tres puntos (51,14% vs 48,86% de Massa). En provincia de Buenos Aires, donde UP apostaba a una diferencia cercana a 10 pp para contrapesar las derrotas que descontaba en Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), Córdoba, Santa Fe y Mendoza, apenas obtuvo una brecha de 1,48 pp (gráfico abajo).