
Encuestas de opinión y estudios cualitativos realizados a lo largo y ancho del país -salvo ocultos sondeos "indepen-dientes" a los que accedió el periodista Luis Majul, cada vez más "metropolitanizado" y parecido a Elisa Carrió en su catastrofismo- señalan, con apenas matices, lo siguiente:
1) si las elecciones presidenciales fueran hoy, la actual presidenta Cristina Fernández de Kirchner ganaría en primera vuelta. Hay que recordar que en Argentina, en virtud de la reforma constitucional de 1994, vencer en primera vuelta es relativamente más fácil que en otros países (por ejemplo, Brasil). No hace falta llegar al 50% + 1 de los votos, alcanza con obtener (1) al 45% (votos válidos positivos) o, si no, (2) 40%, con más de 10 puntos de ventaja respecto del segundo. Cristina cumple la condición 1 o bien la 2 en todos los estudios conocidos, favorecida, no sólo por el envión adicional que significó la muerte del ex presidente Néstor Kirchner al proceso de recuperación previo que ya venía mostrando durante 2010, sino también por la dispersión de las alternativas opositoras, que al ser muchas, terminan fragmentando el malestar con el gobierno nacional y achicando las chances de que un candidato de la oposición pueda forzar un ballotage.
En esta línea, un sondeo realizado entre 1.200 personas de la zona metropolitana y diferentes poblaciones del interior del país por la consultora Ibarómetro muestra que Cristina Fernández lidera imagen e intención de voto, mientras la valoración de los dirigentes de la oposición sigue relegada: un 59,1% de los consultados evaluó como “muy buena” y “bastante buena” a la mandataria (contra un 33,9% que la considera “bastante mala” o “mala”) y la misma recoge linealmente (sin proyectar indecisos) un 38,7% de intención de voto (ese guarismo, obtenido sobre el total de las respuestas, supera el 40% si se consideran sólo los votos validos positivos, que es lo que sucede en el escrutinio). Entre los referentes opositores, Mauricio Macri y Ricardo Alfonsín aventajan al resto, pero apenas alcanzan una intención de voto que ronda el 10%, respectivamente. Macri tiene mayor imagen positiva que Alfonsín (48,2%) pero una negativa más alta que la del diputado radical (40%, contra 33,2%). Por su parte, el ex ex presidente interino Eduardo Duhalde tiene una imagen negativa de 61% y Elisa Carrió 59,5%.
Otras encuestas realizadas en distritos clave que en 2009 resultaron adversos al oficialismo muestran ventajas de Cristina aún más holgadas que las del sondeo de Ibarómetro: en Capital Federal, por ejemplo, la presidenta alcanza 44% de intención de voto; en Santa Fe, 47%, y en Córdoba, oscila entre el 30% y el 40% por ciento (en todos los casos, con más de 20 puntos de ventaja respecto de cualquier candidato opositor). Aunque faltan casi diez meses para las presidenciales del año 2011, la ventaja actual del oficialismo implica un vuelco drástico de la tendencia que habían insinuado las legislativas del 2009; en esto coinciden tanto analistas cercanos al oficialismo como otros "independientes" (término, por cierto, tan engañoso como el de "periodismo independiente"), como lo evidencia una nota recientemente publicada en Perfil, donde cuatro consultores -Alejandro Catterberg, de Poliarquía; Artemio López, de Consultora Equis; Carlos Fara de Fara y Asociados y Graciela Römer de Römer & Asociados- convergen, con matices, en afirmar que 2010 fue un año positivo para el gobierno de Cristina Fernández (más allá de la pérdida que supone la muerte del ex presidente, socio político estratégico del proyecto "K", como resaltó Artemio López).
Römer, por caso, interpretó que "ha sido positivo para la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Comenzó a crecer a partir de los festejos del Bicentenario y de la Ley de Matrimonio Gay. Y después se amesetó, hasta la muerte de Néstor Kirchner, que le dio un nuevo envión a su figura". Por su parte, Fara opinó que "desde el punto de vista político fue un año positivo para el Gobierno ...La recuperación económica se hizo sentir y la gente hace un balance positivo del año, y tiene una perspectiva positiva respecto a 2011" en tanto que Catterberg planteó que "fue un año de recuperación de expectativas, de confianza, de optimismo. De pasar, en 2009, de ser una sociedad pesimista ahora ya se está en una situación casi neutra".
Respecto a la oposición, Römer destacó que "frente a la precandidatura de Kirchner, la oposición tenía un factor aglutinante. Muerto Kirchner, la oposición quedó desnuda frente a sus propias falencias", mientras que Fara remarcó que "estos opositores son los que están en peor situación en estos 27 años de democracia, por lejos. En primer lugar, el gran tema es que la sociedad ve un solo relato, el del Gobierno. La sociedad no kirchnerista sabe que no quiere votar a los Kirchner, pero no sabe por quién optar porque no ve una alternativa. Básicamente, está un poco mejor en las encuestas Macri, pero la realidad electoral y política no se describe solamente con las encuestas. Porque el radicalismo, fuera del Gobierno, es el partido que tiene mayor estructura a nivel nacional. Nosotros no lo vemos mal a Cobos, tiene un perfil más apto para los independientes que Alfonsín. Y la otras dos alternativas, tanto Carrió como Solanas, probablemente estarán en el 10%". López, por su parte, afirmó que el opositor "más visible y que hoy tiene mayor intención de voto es Ricardo Alfonsín, que está bastante por arriba de lo que es una estructura de derecha más clásica, encabezada por Macri... la posición de Carrió me parece que es muy dramática en términos electorales, y respecto a Cobos, creo que no tiene chances".
En cuanto a las perspectivas para 2001, Römer afirmó que si bien "es muy difícil anticipar, si las elecciones fueran hoy no hay segunda vuelta", Fara asintió y agregó "obviamente, con triunfo de Cristina Kirchner o del kirchnerismo" en tanto que Catterberg planteó que "las chances del peronismo el año que viene son muy altas, en la cabeza de quien sea, Cristina, Scioli o algún otro. Antes del fallecimiento de Kirchner parecía que la victoria estaba en manos de la oposición. Hoy se da la situación inversa" y López arriesgó que "que no hay segunda vuelta, y no me extrañaría que Cristina haga una elección incluso superior a la de 2007".
En cuanto a los matices de cambio en la imagen de Cristina posteriores a la muerte de Néstor Kirchner, Römer resaltó que “hay un evidente cambio de estrategia en el discurso de la Presidenta. Hay un cierto pasaje de un estilo de gestión que era tatcheriano a uno merkeliano. De un perfil varonil y agresivo, que acompañaba el perfil de Kirchner, a uno más maternal, componedor”. Artemio López y Carlos Fara, en cambio, hicieron hincapié en que la recuperación del Gobierno y de la imagen de la presidenta era previa a la muerte del ex presidente, aunque ese hecho reafirmó la mejora del oficialismo.
Esta última interpretación es la que ya hemos expuesto varias veces en este blog: el kirchnerismo empezó a "salir del placard" a principios de este año y fue reforzándose mes a mes, desarrollando una espiral de opinión positiva al mismo tiempo que la espiral adversa (que alcanzó su máximo desarrollo a mediados del 2009, en coincidencia con las elecciones legislativas) iba remitiendo, en un movimiento de sístole y diástole combinados, que hizo eclosión con la ola de adhesión popular que despertó la muerte de Néstor Kirchner. Como resultado, hoy, en la carrera por la espiral del silencio, la ventaja la lleva el oficialismo. Cometen un error quienes subestiman al oficialismo (y lo que es peor, al electorado) y atribuyen todo al "efecto luto" (o "efecto Lupo", el apodo del ex presidente): la mejora del oficialismo no es meramente epidérmica, es sustancial (más allá de que es cierto que la muerte generó cierto "estado de gracia" respecto a Cristina). Lo que no quiere decir, por supuesto, que el actual sea un clima de opinión inmodificable de aquí a octubre de 2011, puede correr mucha agua bajo el puente...



