“El enfoque que condujo a resultados satisfactorios en los casos del Club de París y de Repsol –dureza inicial y retórica sin concesiones, seguidas de voluntad negociadora– debería funcionar ante la Justicia de Nueva York, aun cuando el jugador del otro lado sea un halcón difícil de domar como lo es el juez Griesa”, escribía recientemente el sociólogo Mora y Araujo en una columna para Perfil. Un rasgo característico del kirchnerismo, prácticamente desde sus inicios, ha sido la audacia de jugar al límite; sin embargo, el pragmatismo tampoco le ha sido ajeno (más allá que en el imaginario histórico es altamente probable que Cristina Fernández sea asociada a dosis mayores de intransigencia y Néstor Kirchner a dosis mayores de pragmatismo). En rigor, el gobierno viene recreando esa combinación de dosis de confrontación (revestida de épica) y pragmatismo en el último año, y el ministro Axel Kicillof, por estas horas en febriles negociaciones con el mediador Daniel Pollack por el tema fondos buitre, ha sido tanto un eficaz instrumento de esa dialéctica como un cabal intérprete de la funcionalidad política que revisten tanto la épica como el pragmatismo.
Esa misma dialéctica atraviesa la sucesión del kirchnerismo, impedido de autoheredarse en una variante pura a partir de la muerte de Néstor Kirchner, que decantó en la candidatura inevitable de CFK (no inevitable por fatalidad histórica, sino por necesidad del proyecto de consagrar una continuidad sin fisuras). Después de las elecciones legislativas del 2013, la continuidad pura enfrentó una doble adversidad: el desgaste electoral (con un resultado similar al del 2009) y, asociado al mismo, la evidencia de imposibilidad de una reforma constitucional que habilitara, vía re-reelección, esa continuidad pura. Si la imposibilidad constitucional transformó en formalmente inviable la continuidad pura, el desgaste electoral puso en evidencia la inviabilidad sustantiva (material) de esa misma continuidad, y abrió el proceso de sucesión con sus previsibles fisuras (despojando este concepto de todo dramatismo).
Sin la continuidad pura que implicaría el apellido Kirchner nuevamente encabezando la boleta presidencial, ineludiblemente se abren los matices, dado que nada garantiza (desde lo simbólico al "encolumnamiento") el “purismo K” tanto como el apellido Kirchner. Mientras candidatos como Sergio Urribarri se esfuerzan por expresar la continuidad pura (apostando al voto “duro” K), otros (Daniel Scioli) expresan la "continuidad con cambio", tomando nota del desgaste electoral que llevó al oficialismo de la mayoría neta del 54% del 2011 a la primera minoría del 33% en 2013. Al mismo tiempo, figuras como Florencio Randazzo construyen desde el alineamiento político con el proyecto que implica la condición de ministro-funcionario, la impronta de gestión y algunos matices desde lo discursivo. Los potenciales “presidenciales” del espacio pan-oficialista no se agotan en esos tres referentes, pero la mayor o menor extensión del listado no invalida el análisis de base, en el sentido de que la imposibilidad de continuidad pura inevitablemente se traduce en matices (mayores o menores) a la hora de definir la sucesión. Al tiempo que el kirchnerismo duro se inclina por figuras más cercanas a la continuidad pura y el tono épico (Urribarri, Agustín Rossi, por ejemplo), recelando de las figuras más pragmáticas (el gobernador bonaerense Daniel Scioli, ciertamente, es el más representativo de esta impronta "consensual"), otros sectores del oficialismo (peronistas no antikirchneristas, pero tampoco netamente "K") sienten, piensan y operan de la manera exactamente inversa.
En ese marco, la pregunta de si la gran electora de la sucesión (CFK) tomará en el 2015 partido por opciones más cercanas a la épica (es decir, por candidatos que expresen la continuidad del proyecto, con Urribarri como referente) o por el pragmatismo (la “continuidad con cambio” de Scioli sería la traducción de esa impronta en el plano del eje de campaña) presupone una lógica binaria, que no necesariamente se manifiesta de manera tan lineal en los procesos políticos concretos y reales: en las legislativas del 2013, el “defensor” y cabeza de campaña del oficialismo en la estratégica y decisiva provincia de Buenos Aires fue Daniel Scioli (oficialista pragmático), no Gabriel Mariotto (K alineado); la cabeza de lista del FPV en ese distrito fue Martín Insaurralde (hoy, envuelto en especulaciones de estar preparando un pase al massismo), no un “K” puro. Otro tanto puede decirse en el plano de la gestión: Kicillof es tanto capaz de una retórica encendida como capaz de ejercitar el pragmatismo a la hora de negociar (como lo era Néstor y como es CFK, contra lo que puede parecer desde el reino de las apariencias) . A ese sello, Mora y Araujo denominó, en la misma columna citada antes, “sabiduría convencional”: “La sabiduría convencional que el Gobierno viene aplicando desde hace casi un año rinde sus frutos: sostiene los mercados financieros, abre expectativas de inversiones, redefine las oportunidades del país en el área de los hidrocarburos y, en el plano electoral, proporciona al Gobierno una candidatura competitiva”.
Concepto acuñado por el filósofo inglés Joseph Glanvill, el clima de opinión nos rodea. Existen ciencias para medirlo, pero también hay lugar para lo inesperado, tal como el aleteo de una mariposa en Pekín puede desatar un huracán en México que contraríe el pronóstico del tiempo. Este blog de tendencias de opinión pública e influencia social pretende aportar elementos al "sensor cuasiestadístico" con que sondeamos el ambiente y ser un foro para intercambiar puntos de vista.
martes, 29 de julio de 2014
domingo, 27 de julio de 2014
Nota publicada en suple Tendencias de La Voz
Sé lo que hicieron el verano pasado
Tecnología aplicada al espionaje. Como una suerte de Gran Hermano, el actual entorno tecno cada vez sabe más de nosotros. Casos emblemáticos, y lo que se viene en esta materia.
Por Norman Berra (Especial)
A través de la Web y las redes sociales se pueden recolectar datos de nuestros gustos e inclinaciones. Si además usamos ciertas apps o dispositivos, con seguridad se sabe más de nosotros de lo que quisierámos. Ejemplos de esta tendencia:
http://www.lavoz.com.ar/tendencias/se-lo-que-hicieron-el-verano-pasado
martes, 22 de julio de 2014
Agenda y posicionamiento electoral (2)
Diversos estudios destacan el crecimiento de Macri y analizan que el Jefe del PRO crece sacándole votos a Sergio Massa y al FAU-Unen. En ese sentido, la debilidad común que comparten Massa y los precandidatos del Frente (Julio Cobos, Hermes Binner, Ernesto Sanz, Elisa Carrió y “Pino” Solanas) es que ninguno de ellos tiene actualmente responsabilidades de gestión. Esa debilidad actual tiene grandes chances de potenciarse de aquí al 2015, cuando no se votará un control o límite al oficialismo (como fue en las legislativas del 2009 y 2013, adversas al kirchnerismo) sino el máximo cargo ejecutivo, lo que potencia la gobernabilidad como eje de discusión en la campaña.
Consciente de eso, el oficialismo (con Scioli incluido en el espacio panoficialista, más allá de ser resistido desde el kirchnerismo duro) le hace “guiños” a Macri, apuntando así a potenciar un rival que crece a costa de la intención de voto de las otras dos expresiones opositoras. Para el kirchnerismo, ¿cuál es el negocio de que crezca Macri en desmedro de Massa y del FAU-Unen? Hay tres elementos centrales: 1) estanca o deprime a Massa, el vencedor del kirchnerismo en la estratégica provincia de Buenos Aires en 2009 2) al amesetar a Massa, limita la chance de “pases” desde el peronismo al Frente Renovador; el kirchnerismo considera que hay más impermeabilidad entre el peronismo no K y el PRO que entre el peronismo no K y el Frente Renovador 3) aunque Macri crezca, tiene déficits de armado político no sólo en el interior del país, sino en el distrito decisivo, provincia de Buenos Aires, lo cual lo transforma en una amenaza acotada.
Un cuarto elemento de análisis deviene más problemático: el liderazgo indiscutido de Macri dentro del PRO es una potencial debilidad de cara a las primarias del 2015 (Paso), puesto que no tiene contendientes que hagan “atractivo” votar en la interna de ese espacio (idéntico problema tiene Sergio Massa en el Frente Renovador). Por supuesto, esta debilidad no es tan gravitante si las Paso funcionan a modo de “anticipo” de la elección general (en vez de ser "internas"; es lo que pasó en 2011 y 2013). ¿Por qué podría suceder algo diferente en el 2015? Aquí está la apuesta del oficialismo, en primer término, y del FAU-Unen, en segundo: estos dos frentes, el pan-oficialista y el pan-opositor, son los de mayor despliegue electoral en términos de territorio (con amplia ventaja para el oficialismo, si se considera la cantidad de distritos gobernados). Si ese elemento pesa en la decisión de muchos electores, una actitud de “voto útil” (votar a quiénes tienen más chances de ganar) podría favorecer a uno de estos dos frentes en desmedro de fuerzas “unipersonales”, como el Frente Renovador de Massa y el PRO de Macri. Hasta el momento, los análisis de encuestas sugieren que la gente se inclinaría a votar en la interna del Frente para la Victoria (con varios precandidatos), seguido del FAU-Unen (también con varias figuras), postergando al Frente Renovador (que hoy sólo tiene de candidato a Massa) y al PRO (con el jefe de gobierno porteño como único candidato).
Entonces, llevando el análisis al interior de los dos grandes frentes electorales (FPV y FAU-Unen), si la clave de lectura de que los candidatos que se posicionan con una agenda y con impronta de gestión se benefician es correcta, entonces los estudios que muestran a Scioli con ventaja dentro del oficialismo y el ascenso del ministro Florencio Randazzo en la interna del Frente para la Victoria cobran sentido. Según los analistas, Randazzo no hace peligrar el primer lugar de Daniel Scioli (quien conserva, por así decirlo, su condición de “primus interpares”, lejos del liderazgo excluyente que han ejercido, sucesivamente, Néstor y Cristina Kirchner) pero es destacable que en ciertos estudios cualitativos el ministro aparezca como una figura nueva, con perfil de gestión. Su debilidad también es clara: por ahora, no deja de ser una referencia metropolitana. Por contrapartida, que aquella clave de lectura con eje en la agenda de gestión sea correcta también puede explicar por qué el FAU-Unen no despega en su proyección electoral.
Consciente de eso, el oficialismo (con Scioli incluido en el espacio panoficialista, más allá de ser resistido desde el kirchnerismo duro) le hace “guiños” a Macri, apuntando así a potenciar un rival que crece a costa de la intención de voto de las otras dos expresiones opositoras. Para el kirchnerismo, ¿cuál es el negocio de que crezca Macri en desmedro de Massa y del FAU-Unen? Hay tres elementos centrales: 1) estanca o deprime a Massa, el vencedor del kirchnerismo en la estratégica provincia de Buenos Aires en 2009 2) al amesetar a Massa, limita la chance de “pases” desde el peronismo al Frente Renovador; el kirchnerismo considera que hay más impermeabilidad entre el peronismo no K y el PRO que entre el peronismo no K y el Frente Renovador 3) aunque Macri crezca, tiene déficits de armado político no sólo en el interior del país, sino en el distrito decisivo, provincia de Buenos Aires, lo cual lo transforma en una amenaza acotada.
Un cuarto elemento de análisis deviene más problemático: el liderazgo indiscutido de Macri dentro del PRO es una potencial debilidad de cara a las primarias del 2015 (Paso), puesto que no tiene contendientes que hagan “atractivo” votar en la interna de ese espacio (idéntico problema tiene Sergio Massa en el Frente Renovador). Por supuesto, esta debilidad no es tan gravitante si las Paso funcionan a modo de “anticipo” de la elección general (en vez de ser "internas"; es lo que pasó en 2011 y 2013). ¿Por qué podría suceder algo diferente en el 2015? Aquí está la apuesta del oficialismo, en primer término, y del FAU-Unen, en segundo: estos dos frentes, el pan-oficialista y el pan-opositor, son los de mayor despliegue electoral en términos de territorio (con amplia ventaja para el oficialismo, si se considera la cantidad de distritos gobernados). Si ese elemento pesa en la decisión de muchos electores, una actitud de “voto útil” (votar a quiénes tienen más chances de ganar) podría favorecer a uno de estos dos frentes en desmedro de fuerzas “unipersonales”, como el Frente Renovador de Massa y el PRO de Macri. Hasta el momento, los análisis de encuestas sugieren que la gente se inclinaría a votar en la interna del Frente para la Victoria (con varios precandidatos), seguido del FAU-Unen (también con varias figuras), postergando al Frente Renovador (que hoy sólo tiene de candidato a Massa) y al PRO (con el jefe de gobierno porteño como único candidato).
Entonces, llevando el análisis al interior de los dos grandes frentes electorales (FPV y FAU-Unen), si la clave de lectura de que los candidatos que se posicionan con una agenda y con impronta de gestión se benefician es correcta, entonces los estudios que muestran a Scioli con ventaja dentro del oficialismo y el ascenso del ministro Florencio Randazzo en la interna del Frente para la Victoria cobran sentido. Según los analistas, Randazzo no hace peligrar el primer lugar de Daniel Scioli (quien conserva, por así decirlo, su condición de “primus interpares”, lejos del liderazgo excluyente que han ejercido, sucesivamente, Néstor y Cristina Kirchner) pero es destacable que en ciertos estudios cualitativos el ministro aparezca como una figura nueva, con perfil de gestión. Su debilidad también es clara: por ahora, no deja de ser una referencia metropolitana. Por contrapartida, que aquella clave de lectura con eje en la agenda de gestión sea correcta también puede explicar por qué el FAU-Unen no despega en su proyección electoral.
lunes, 21 de julio de 2014
Nota publicada en suple Tendencias de La Voz
Aportes del big data
Tecnología aplicada. La gestión de grandes masas de datos multiplica sus impactos en diversos campos: Mundial, deportes, calidad de vida y negocios como casos destacados.
Por Norman Berra (Especial)
Datos provenientes de la web, de mensajes en redes sociales, de señales de telefonía móvil, de transacciones, de sensores ubicados en objetos smart (dispositivos personales, faroles, cestos del mobiliario urbano y hasta edificios inteligentes): este cúmulo de información llevó a acuñar la expresión big data, que alude a grandes volúmenes de datos y a cómo gestionarlos y aprovecharlos. Veamos aplicaciones de big data:
http://www.lavoz.com.ar/tendencias/aportes-del-big-data
viernes, 18 de julio de 2014
Agenda y posicionamiento electoral (1)
Frente a los fondos buitre, el gobierno enfrenta serias complicaciones financieras y riesgos de impacto en la economía real pero, por otro lado, se beneficia en términos de manejo de agenda, porque es un tema que la oposición no puede capitalizar: existe una mayoría neta que considera injusto el reclamo de los holdouts, aunque pueda haber matices sobre cómo el gobierno manejó y maneja la cuestión. En esto coinciden los tres consultores que citamos en el post anterior (Artemio López, Rosendo Fraga y Analía del Franco). Asimismo, el gobierno tuvo éxito en lograr apoyos internacionales e instalar el tema de los fondos buitre “como un ataque especulativo contra una restructuración de deuda soberana, en un contexto en que el mundo se replantea la relación con el que capital financiero", evaluó el economista y diputado nacional del Frente Para la Victoria (FPV) Roberto Feletti.
Así, en la disputa con los fondos buitre el gobierno reconfirma a su núcleo duro de adherentes y además logra un cierto efecto de empatía en otros sectores, como lo señalan estudios que registran una leve recuperación de imagen positiva del oficialismo. Por otro lado, otros persistentes temas de coyuntura generan agenda negativa para el gobierno, que si bien no necesariamente afectan a su núcleo duro, sí limitan el despliegue electoral que necesita para construir una coalición ganadora mínima de cara al 2015. Entre ellos se destaca la causa Ciccone, respecto a la cual el consultor Carlos Fara planteó: “Me parece que la opinión pública ya juzgó a Boudou, y no creo que el gobierno vaya a perder votos, lo que tiene lo tiene”. Esta lectura coincide con la encuesta publicada recientemente en Perfil, según la cual el “efecto Boudou” parece no afectar a los principales candidatos oficialistas: según ese estudio, el vicepresidente tiene 66% de imagen negativa y cerca del 50% cree que la imagen de la presidenta Cristina Kirchner empeoró a partir del escándalo. Sin embargo, en la misma encuesta, la suma de la intención de voto para Daniel Scioli y Florencio Randazzo está en un empate técnico con Sergio Massa, con el 28%.
En la nota de Perfil, la hipótesis explicativa de ese relativa “impermeabilidad” de Scioli y Randazzo es que ambos se han presentado como candidatos con una impronta propia. Esa podría ser la razón por la cual no parecen ser afectados por el “efecto Boudou”, al menos según la encuesta en cuestión. Otra lectura es que el caso trasciende en cierta medida la “grieta”: esa encuesta arroja que la percepción sobre la culpabilidad del vicepresidente está influenciada por la posición de los encuestados sobre el kirchnerismo. Por nuestra parte, opinamos que la impronta propia es un atributo más fuerte del gobernador bonaerense, no sólo sobre la base de su concepto-slogan “la continuidad con cambio”, sino por su dialéctica de pertenencia-distanciamiento respecto al kirchnerismo (los continuos ataques y críticas de los “K puros” a la figura del bonaerense le “ahorran” a Scioli esfuerzos de diferenciación). Lo que sí comparten plenamente Scioli y Randazzo es que ambos se posicionan electoralmente a partir de su rol ejecutivo. Ostentan responsabilidades de gestión, algo que los expone a los riesgos de la coyuntura, pero también los beneficia porque les permite instalar temas en la agenda, lo que hoy los distingue netamente de otras figuras presidenciables de cara al 2015.
En este punto, es pertinente comparar las cifras de intención de voto reportadas por Perfil con las publicadas por otras consultoras: según una encuesta realizada por la consultora Raúl Aragón y Asociados (durante mayo, en base a 1.230 casos efectivos en ciudadanos en edad de votar) Sergio Massa tiene una intención de voto del 34,71%, seguido de Daniel Scioli con 17,8 y Mauricio Macri con 15,35%. En cambio, de acuerdo a la titular de la Consultora Analogías, Analía Del Franco, Daniel Scioli supera a Sergio Massa en las últimas encuestas. “Gana Daniel Scioli, cuatro puntos más abajo Sergio Massa, y en tercer lugar Mauricio Macri. Ellos tres están en una situación bastante pareja, no así UNEN que se ubica en el cuarto lugar”. Otros estudios marcan una curva decreciente para Sergio Massa, un repunte del gobernador Scioli y un crecimiento importante de Macri, con paridad entre Scioli y Massa (en torno al 21%) y el líder del PRO con alrededor del 18%, mientras que otras le dan a Scioli una ventaja 29% sobre 25% de Massa, alrededor del 22% para Macri y un 16% a Binner.
En síntesis, una línea de fuerza que surge de estos estudios es que aparece un juego de “suma cero” entre Macri y Massa, es decir, que el crecimiento en intención de voto del jefe de gobierno porteño se da a costa del tigrense. Esto refuerza la tesis de que el posicionamiento a través de la gestión puede estar favoreciendo las chances de Scioli, Macri y Randazzo, a la vez que limitando el despliegue electoral de Massa y los precandidatos del FAU-Unen (Julio Cobos, Hermes Binner, Ernesto Sanz, Elisa Carrió y “Pino” Solanas), ninguno de los cuales tiene actualmente responsabilidades de gestión.
Así, en la disputa con los fondos buitre el gobierno reconfirma a su núcleo duro de adherentes y además logra un cierto efecto de empatía en otros sectores, como lo señalan estudios que registran una leve recuperación de imagen positiva del oficialismo. Por otro lado, otros persistentes temas de coyuntura generan agenda negativa para el gobierno, que si bien no necesariamente afectan a su núcleo duro, sí limitan el despliegue electoral que necesita para construir una coalición ganadora mínima de cara al 2015. Entre ellos se destaca la causa Ciccone, respecto a la cual el consultor Carlos Fara planteó: “Me parece que la opinión pública ya juzgó a Boudou, y no creo que el gobierno vaya a perder votos, lo que tiene lo tiene”. Esta lectura coincide con la encuesta publicada recientemente en Perfil, según la cual el “efecto Boudou” parece no afectar a los principales candidatos oficialistas: según ese estudio, el vicepresidente tiene 66% de imagen negativa y cerca del 50% cree que la imagen de la presidenta Cristina Kirchner empeoró a partir del escándalo. Sin embargo, en la misma encuesta, la suma de la intención de voto para Daniel Scioli y Florencio Randazzo está en un empate técnico con Sergio Massa, con el 28%.
En la nota de Perfil, la hipótesis explicativa de ese relativa “impermeabilidad” de Scioli y Randazzo es que ambos se han presentado como candidatos con una impronta propia. Esa podría ser la razón por la cual no parecen ser afectados por el “efecto Boudou”, al menos según la encuesta en cuestión. Otra lectura es que el caso trasciende en cierta medida la “grieta”: esa encuesta arroja que la percepción sobre la culpabilidad del vicepresidente está influenciada por la posición de los encuestados sobre el kirchnerismo. Por nuestra parte, opinamos que la impronta propia es un atributo más fuerte del gobernador bonaerense, no sólo sobre la base de su concepto-slogan “la continuidad con cambio”, sino por su dialéctica de pertenencia-distanciamiento respecto al kirchnerismo (los continuos ataques y críticas de los “K puros” a la figura del bonaerense le “ahorran” a Scioli esfuerzos de diferenciación). Lo que sí comparten plenamente Scioli y Randazzo es que ambos se posicionan electoralmente a partir de su rol ejecutivo. Ostentan responsabilidades de gestión, algo que los expone a los riesgos de la coyuntura, pero también los beneficia porque les permite instalar temas en la agenda, lo que hoy los distingue netamente de otras figuras presidenciables de cara al 2015.
En este punto, es pertinente comparar las cifras de intención de voto reportadas por Perfil con las publicadas por otras consultoras: según una encuesta realizada por la consultora Raúl Aragón y Asociados (durante mayo, en base a 1.230 casos efectivos en ciudadanos en edad de votar) Sergio Massa tiene una intención de voto del 34,71%, seguido de Daniel Scioli con 17,8 y Mauricio Macri con 15,35%. En cambio, de acuerdo a la titular de la Consultora Analogías, Analía Del Franco, Daniel Scioli supera a Sergio Massa en las últimas encuestas. “Gana Daniel Scioli, cuatro puntos más abajo Sergio Massa, y en tercer lugar Mauricio Macri. Ellos tres están en una situación bastante pareja, no así UNEN que se ubica en el cuarto lugar”. Otros estudios marcan una curva decreciente para Sergio Massa, un repunte del gobernador Scioli y un crecimiento importante de Macri, con paridad entre Scioli y Massa (en torno al 21%) y el líder del PRO con alrededor del 18%, mientras que otras le dan a Scioli una ventaja 29% sobre 25% de Massa, alrededor del 22% para Macri y un 16% a Binner.
En síntesis, una línea de fuerza que surge de estos estudios es que aparece un juego de “suma cero” entre Macri y Massa, es decir, que el crecimiento en intención de voto del jefe de gobierno porteño se da a costa del tigrense. Esto refuerza la tesis de que el posicionamiento a través de la gestión puede estar favoreciendo las chances de Scioli, Macri y Randazzo, a la vez que limitando el despliegue electoral de Massa y los precandidatos del FAU-Unen (Julio Cobos, Hermes Binner, Ernesto Sanz, Elisa Carrió y “Pino” Solanas), ninguno de los cuales tiene actualmente responsabilidades de gestión.
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