Mientras el dólar busque su techo, el presidente Mauricio Macri buscará su piso, escribimos en junio. No se trata de una correlación lineal entre variables socioeconómicas y políticas, sino de una cadena multicausal más larga, que podemos simplificar así: incertidumbre-crisis cambiaria-suba del dólar-pass through (pase a precios de parte de la devaluación)-inflación-malestar socioeconómico-desgaste político. Ya en junio pasado, la consultora Synopsis hizo punta, al detectar que la imagen positiva de la gestión de gobierno perforaba al 30%: 29,1%. Sobre el cierre de junio y principios de julio, incluso las muy optimistas consultoras económicas que inicialmente habían comprado el relato del gobierno nacional corrigieron sus estimaciones hacia una inflación en torno al 30% para este año y el dólar en alrededor de 30 pesos: tres datos clave alineados alrededor del 30.
La más reciente medición de D'Alessio Irol/Berensztein tiende a converger con la de Synopsis, aunque el resultado es menos crítico. Se trata de una encuesta realizada en forma online durante junio de 2018 sobre una muestra de 1.477 casos mayores de 18 años de todo el país. De acuerdo a los datos, la imagen positiva de la gestión cayó hasta el 36%, al mismo tiempo que la negativa llegó a 61% (registro pico desde que ocupa el cargo, con una suba de 6 puntos porcentuales desde la medición anterior; ver datos arriba, click para agrandar). Así, el estudio confirma que el apoyo al oficialismo retrocede desde el 42% logrado en las legislativas de medio término de octubre pasado a guarismos que están el orden de magnitud del voto obtenido por Macri en la primera vuelta del 2015: 34,15%. La imagen del presidente también se deterioró, aunque en este caso sigue por encima de la evaluación de gestión: la positiva pasó de 45% a 41% (piso en la serie evolutiva), mientras que la negativa trepó al 54% (pico en la serie evolutiva). Se trata de la brecha más grande entre las curvas desde que comenzó el ciclo Macri: 13 puntos porcentuales (ver datos abajo; click para agrandar).
La clave del deterioro oficialista sigue pasando centralmente por el malestar socioeconómico: ante la consulta por la situación actual, 8 de cada 10 responden que es "peor o mucho peor" que el año pasado y el 57% no ve mejoras para 2019. Más de la mitad no cree que el acuerdo con el FMI mejore la situación y un 72% considera que la inflación será mayor a la esperada. Esto confirma que el motor de las expectativas, que en otros momentos de crisis seguía acompañando al oficialismo y lograba traccionar su recuperación, sigue apagado. El análisis por segmentos de electores del estudio arroja un dato crucial: muchos de los seguidores de Cambiemos o quienes en octubre pasado eligieron al oficialismo como alternativa electoral le están retaceando el apoyo a la gestión Macri. Desde noviembre de 2016, el presidente cosecha casi 30 puntos de caída en la gestión en ese sector social. Esto refuerza la idea de que el malestar atraviesa la “grieta” política, permeando en la propia base electoral del oficialismo. En el otro polo, los votantes del Frente para la Victoria refuerzan su rechazo a la gestión Macri en niveles similares a los de octubre pasado, agudizando los niveles de rechazo en casi 20 puntos porcentuales y alcanzando el 91% de percepción negativa.
Asimismo, el informe detecta un contagio del desgaste en otros referentes de la Alianza Cambiemos, como la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, quien alcanzó su tope de imagen negativa en junio en la serie evolutiva de esta consultora: 42%, contra una percepción positiva que cedió 4 puntos porcentuales respecto de mayo a mayo pasado y se ubicó en 53% (ver datos arriba; click para agrandar). Aun así, seguía siendo la dirigente con mejor imagen dentro del oficialismo. En el caso de la diputada nacional Elisa Carrió, su imagen negativa superó ampliamente a la positiva (51% contra 44%), arrojando un diferencial desfavorable de 7 puntos porcentuales. En sentido contrario, al igual que ya hemos visto en otros estudios citados en este blog, la principal figura opositora capitaliza la crisis oficialista recortando imagen negativa y creciendo en positiva: Cristina Fernández de Kirchner logró una suba de 10 puntos en su imagen positiva en relación al mes pasado, situando su percepción positiva en torno al 30%, al tiempo que la imagen negativa baja 9 puntos porcentuales, ubicándose en 64% (ver datos abajo; click para agrandar). Esto confirma que las tendencias van recreando las condiciones de una polarización de cara al 2019 electoral, con una crisis que desgasta al oficialismo y reposiciona a la opositora más nítida.
Concepto acuñado por el filósofo inglés Joseph Glanvill, el clima de opinión nos rodea. Existen ciencias para medirlo, pero también hay lugar para lo inesperado, tal como el aleteo de una mariposa en Pekín puede desatar un huracán en México que contraríe el pronóstico del tiempo. Este blog de tendencias de opinión pública e influencia social pretende aportar elementos al "sensor cuasiestadístico" con que sondeamos el ambiente y ser un foro para intercambiar puntos de vista.
domingo, 8 de julio de 2018
jueves, 5 de julio de 2018
Envejecimiento prematuro de la marca Cambiemos: miradas desde la comunicación política
Cerrábamos el posteo anterior remarcando que los adultos mayores, los menos participativos en el mundo digital, siguen siendo los que acompañan en mayor medida a Cambiemos, y planteábamos que eso sugiere otra hipótesis de cara al 2019 electoral: si la marca oficialista sufre de envejecimiento prematuro y se va recreando una dinámica polarizadora que mejora el reposicionamiento de CFK y Unidad Ciudadana a costa de las alternativas “opo-oficialistas” del espacio pan-justicialista, entonces la “novedad” dejará de ser un valor en la disputa electoral del año próximo. Como toda hipótesis planteada a partir de datos empíricos, se sostiene en la medida en que los datos la validen. Precisamente, en estos días se conoció otro estudio que refuerza nuestra línea interpretativa. Según una encuesta realizada por la consultora Analogías durante los días 1 y 2 de julio, el 51,4% de los porteños calificó como negativa la gestión del líder del Cambiemos al frente de la Casa Rosada, mientras que sólo el 46,9% evaluó como positivo su desempeño. Es decir, hay un diferencial negativo de 4,5 puntos porcentuales y, por primera vez en Capital Federal (o Ciudad Autónoma de Buenos Aires, CABA), la imagen negativa del mandatario le gana a la positiva, la que toca su piso en la serie evolutiva (ver datos arriba; click para agrandar).
Es un dato clave, toda vez que CABA es un bastión del oficialismo desde que en 2007 Macri ganó la jefatura de gobierno, y sugiere que la turbulencia cambiaria que puso en jaque a la economía tiene efectos fuertes en la opinión pública. Para ponerlo en contexto, la valoración positiva del presidente entre los porteños registra un deterioro sostenido desde el pico alcanzado tras la victoria electoral en ese distrito en octubre del 2017, cediendo desde entonces casi 13 puntos porcentuales positivos e incrementando en 13,6 pp la imagen negativa. El estudio, estudio realizado sobre una muestra de 3.600 casos, detectó que Macri registra una distribución desfavorable en la intensidad de las respuestas. Las valoraciones positivas aparecen sesgadas hacia la opción de apoyo menos intensa, "imagen regular positiva", mientras que la imagen negativa está conformada en buena medida por un núcleo de rechazo intenso agrupado en la opción de mayor rechazo, "imagen muy mala". Asimismo, el relevamiento confirma un dato consistente entre la mayoría de las mediciones que hemos revisado: la valoración del presidente en CABA registra un patrón etario similar al del resto del país, "con un rechazo muy marcado en los jóvenes y adultos de hasta 45 años y un apoyo predominante en los segmentos de mayor edad", especialmente en los de más de 60 años. Asimismo, el apoyo al mandatario crece en el público femenino y, a diferencia del Conurbano bonaerense, decrece a mayor nivel educativo. Así, el enjevecimiento de la marca Cambiemos deviene doble: por desgaste a nivel general y por repliegue del apoyo hacia los segmentos etarios de mayor edad (que no es nuevo, pero se hace más gravitante en la medida en que el deterioro general parece afirmarse como tendencia de mediano plazo).
El envejecimiento marcario de Cambiemos también ha sido objeto de análisis por parte de especialistas en comunicación política y consultores. Mario Riorda lo examina en varios niveles: “El Gobierno tiene discursividades pero carece de un mito. El pack zen no funciona en situaciones de déficit de consenso y con carencia de grandes políticas legitimadas. Estudios cualitativos demuestran que, por cada valor positivo del Gobierno, le cabe uno negativo: a firmeza, insensibilidad; a sinceridad, aislamiento; a decisionismo, elitismo; a equipo, confusión (…) un mito de gobierno no entra en el campo del marketing político. Este se compone de técnicas que no sacian expectativas a largo plazo, porque estas requieren de políticas palpables. Lo dicen los informes de la encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés, la satisfacción con la marcha del país tiene un descenso constante desde septiembre pasado en todos los niveles socioeconómicos, pero más especialmente en la clase baja. Alerta roja”. Este es un dato clave, porque refuerza otra de las improntas que vienen lastrando al gobierno desde su llegada al poder: la de una gestión que beneficia más a las clases altas que a las demás. Seguidamente, Riorda parafrasea a Damián Fernández Pedemonte, quien “señalaba características del discurso macrista en su inicio: pluralismo de ideas, más fluidez con el periodismo, transparencia y convocatoria a otros sectores. Casi nada de eso se mantiene. La disidencia es un bien escaso. Solo hay disidencia focalizada en pocos socios de la coalición. Con la oposición hay cada vez más distancia y estigmatización mutua, aun con sectores que fueron parte de la necesitada gobernabilidad. Cambiemos ha dejado de ser el cambio. Y menos, el cambio pragmático”.
Por su parte, el sociólogo Carlos de Angelis examina el contraste entre la comunicación política del kirchnerismo y la de Cambiemos, apuntando a la progresiva pérdida de ventaja relativa de esta última desde que la crisis se hizo manifiesta. “La comunicación política ha pasado a ocupar un sitio relevante con un sistema de medios más amplio y complejo que en décadas anteriores. La alineación de este sistema es una obsesión para los gobiernos. Mientras que para el kirchnerismo la estrategia era centralizar la información en la ex presidenta y algunos funcionarios, y pocos comunicadores, el macrismo planteó exactamente lo opuesto, buscando tercerizar y descentralizar su soporte en una gran cantidad de comunicadores, con poca presencia oficial. El kirchnerismo sostenía la idea de que tras el 2001 la sociedad estaba muy politizada, y que había que transmitir mensajes `ideologizados`, a fin de convencer y generar un cambio cultural, a punto tal que hacia el final del gobierno la impresión fue que Cristina les hablaba sólo a los propios. Cambiemos abordó esta cuestión desde una óptica totalmente opuesta, considerando que gran parte del electorado está despolitizado: no quieren escuchar políticos, quieren resultados. De esta hipótesis surge el discurso cambiemista, planteando consignas sencillas, (“lo que estamos logrando juntos”); predicciones poco complejas de los problemas económicos (“los brotes verdes”; “la lluvia de inversiones”); convocatorias que apelan al sentido común (“tenemos que salir adelante sin atajos”; “les voy a hablar con la verdad”), y el uso de eufemismos para referirse a situaciones adversas (“desplazamiento” por devaluación, “convergencia” por ajuste, y la más reciente “turbulencia” por corrida cambiaria). A pesar de todo, algunos sostienen que la comunicación del oficialismo es insuficiente, bajo la noción de que el macrismo no informó a la sociedad el inventario de la “pesada herencia”, y que por ese motivo no pudo realizar un ajuste a fondo al inicio de la gestión. Pero no observan que a falta de datos concretos para explicar la herencia, se privilegió la veta de la corrupción y la prisión preventiva de muchos ex funcionarios. El caso emblemático fue el de José López con sus bolsos en el convento. Esta narrativa impactaría en forma plena en propios y ajenos”. Coincidimos: de hecho, el relato “M” se sostuvo hasta la victoria electoral de 2017 en 2 pilares, la exitosa gestión del pasado (“pesada herencia”, con frecuencia un eje "tercerizado" en la medida en que era sostenido por los medios privados afines al oficialismo a la par, y a veces por encima, respecto a la comunicación gubernamental) y la del futuro (las expectativas). Cuando estas últimas cayeron y la primera fue perdiendo centralidad por el paso del tiempo y los yerros propios de Cambiemos, la debilidad del oficialismo quedó expuesta como se ve ahora.
Adicionalmente, De Angelis introduce el concepto de “ajuste discursivo”: “Frente a la necesidad de pasar del gradualismo al shock, también se debe crear un segundo ajuste, pero en la estructura narrativa, para legitimar las nuevas medidas después de más de dos años explicando el gradualismo. El regreso al FMI llevó a una crisis del modelo comunicacional, porque resulta difícil para sus comunicadores acompañar allí al Gobierno. Por esto el Presidente tuvo que gestionar personalmente el nuevo discurso en la conferencia de prensa del 16 de mayo, expresando, entre otras cosas, que su autocrítica estribaba en su temperamento positivo y las metas rigurosas que impuso; también caracterizó al FMI como una herramienta adicional para alejarse de los vaivenes del mercado, sin dejar de remarcar que `además podemos ir al Fondo porque no tenemos nada que ocultar… acá no hay gente que se lleva bolsos a conventos`". De esa forma, el relato M y la marca Cambiemos agudizan su envejecimiento, porque quedan asociados a un significante viejo y desfavorable (el FMI), además de recurrir a un “issue” que ya perdió la funcionalidad política que tuvo entre 2016 y 2017 (López).
Es un dato clave, toda vez que CABA es un bastión del oficialismo desde que en 2007 Macri ganó la jefatura de gobierno, y sugiere que la turbulencia cambiaria que puso en jaque a la economía tiene efectos fuertes en la opinión pública. Para ponerlo en contexto, la valoración positiva del presidente entre los porteños registra un deterioro sostenido desde el pico alcanzado tras la victoria electoral en ese distrito en octubre del 2017, cediendo desde entonces casi 13 puntos porcentuales positivos e incrementando en 13,6 pp la imagen negativa. El estudio, estudio realizado sobre una muestra de 3.600 casos, detectó que Macri registra una distribución desfavorable en la intensidad de las respuestas. Las valoraciones positivas aparecen sesgadas hacia la opción de apoyo menos intensa, "imagen regular positiva", mientras que la imagen negativa está conformada en buena medida por un núcleo de rechazo intenso agrupado en la opción de mayor rechazo, "imagen muy mala". Asimismo, el relevamiento confirma un dato consistente entre la mayoría de las mediciones que hemos revisado: la valoración del presidente en CABA registra un patrón etario similar al del resto del país, "con un rechazo muy marcado en los jóvenes y adultos de hasta 45 años y un apoyo predominante en los segmentos de mayor edad", especialmente en los de más de 60 años. Asimismo, el apoyo al mandatario crece en el público femenino y, a diferencia del Conurbano bonaerense, decrece a mayor nivel educativo. Así, el enjevecimiento de la marca Cambiemos deviene doble: por desgaste a nivel general y por repliegue del apoyo hacia los segmentos etarios de mayor edad (que no es nuevo, pero se hace más gravitante en la medida en que el deterioro general parece afirmarse como tendencia de mediano plazo).
El envejecimiento marcario de Cambiemos también ha sido objeto de análisis por parte de especialistas en comunicación política y consultores. Mario Riorda lo examina en varios niveles: “El Gobierno tiene discursividades pero carece de un mito. El pack zen no funciona en situaciones de déficit de consenso y con carencia de grandes políticas legitimadas. Estudios cualitativos demuestran que, por cada valor positivo del Gobierno, le cabe uno negativo: a firmeza, insensibilidad; a sinceridad, aislamiento; a decisionismo, elitismo; a equipo, confusión (…) un mito de gobierno no entra en el campo del marketing político. Este se compone de técnicas que no sacian expectativas a largo plazo, porque estas requieren de políticas palpables. Lo dicen los informes de la encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés, la satisfacción con la marcha del país tiene un descenso constante desde septiembre pasado en todos los niveles socioeconómicos, pero más especialmente en la clase baja. Alerta roja”. Este es un dato clave, porque refuerza otra de las improntas que vienen lastrando al gobierno desde su llegada al poder: la de una gestión que beneficia más a las clases altas que a las demás. Seguidamente, Riorda parafrasea a Damián Fernández Pedemonte, quien “señalaba características del discurso macrista en su inicio: pluralismo de ideas, más fluidez con el periodismo, transparencia y convocatoria a otros sectores. Casi nada de eso se mantiene. La disidencia es un bien escaso. Solo hay disidencia focalizada en pocos socios de la coalición. Con la oposición hay cada vez más distancia y estigmatización mutua, aun con sectores que fueron parte de la necesitada gobernabilidad. Cambiemos ha dejado de ser el cambio. Y menos, el cambio pragmático”.
Por su parte, el sociólogo Carlos de Angelis examina el contraste entre la comunicación política del kirchnerismo y la de Cambiemos, apuntando a la progresiva pérdida de ventaja relativa de esta última desde que la crisis se hizo manifiesta. “La comunicación política ha pasado a ocupar un sitio relevante con un sistema de medios más amplio y complejo que en décadas anteriores. La alineación de este sistema es una obsesión para los gobiernos. Mientras que para el kirchnerismo la estrategia era centralizar la información en la ex presidenta y algunos funcionarios, y pocos comunicadores, el macrismo planteó exactamente lo opuesto, buscando tercerizar y descentralizar su soporte en una gran cantidad de comunicadores, con poca presencia oficial. El kirchnerismo sostenía la idea de que tras el 2001 la sociedad estaba muy politizada, y que había que transmitir mensajes `ideologizados`, a fin de convencer y generar un cambio cultural, a punto tal que hacia el final del gobierno la impresión fue que Cristina les hablaba sólo a los propios. Cambiemos abordó esta cuestión desde una óptica totalmente opuesta, considerando que gran parte del electorado está despolitizado: no quieren escuchar políticos, quieren resultados. De esta hipótesis surge el discurso cambiemista, planteando consignas sencillas, (“lo que estamos logrando juntos”); predicciones poco complejas de los problemas económicos (“los brotes verdes”; “la lluvia de inversiones”); convocatorias que apelan al sentido común (“tenemos que salir adelante sin atajos”; “les voy a hablar con la verdad”), y el uso de eufemismos para referirse a situaciones adversas (“desplazamiento” por devaluación, “convergencia” por ajuste, y la más reciente “turbulencia” por corrida cambiaria). A pesar de todo, algunos sostienen que la comunicación del oficialismo es insuficiente, bajo la noción de que el macrismo no informó a la sociedad el inventario de la “pesada herencia”, y que por ese motivo no pudo realizar un ajuste a fondo al inicio de la gestión. Pero no observan que a falta de datos concretos para explicar la herencia, se privilegió la veta de la corrupción y la prisión preventiva de muchos ex funcionarios. El caso emblemático fue el de José López con sus bolsos en el convento. Esta narrativa impactaría en forma plena en propios y ajenos”. Coincidimos: de hecho, el relato “M” se sostuvo hasta la victoria electoral de 2017 en 2 pilares, la exitosa gestión del pasado (“pesada herencia”, con frecuencia un eje "tercerizado" en la medida en que era sostenido por los medios privados afines al oficialismo a la par, y a veces por encima, respecto a la comunicación gubernamental) y la del futuro (las expectativas). Cuando estas últimas cayeron y la primera fue perdiendo centralidad por el paso del tiempo y los yerros propios de Cambiemos, la debilidad del oficialismo quedó expuesta como se ve ahora.
Adicionalmente, De Angelis introduce el concepto de “ajuste discursivo”: “Frente a la necesidad de pasar del gradualismo al shock, también se debe crear un segundo ajuste, pero en la estructura narrativa, para legitimar las nuevas medidas después de más de dos años explicando el gradualismo. El regreso al FMI llevó a una crisis del modelo comunicacional, porque resulta difícil para sus comunicadores acompañar allí al Gobierno. Por esto el Presidente tuvo que gestionar personalmente el nuevo discurso en la conferencia de prensa del 16 de mayo, expresando, entre otras cosas, que su autocrítica estribaba en su temperamento positivo y las metas rigurosas que impuso; también caracterizó al FMI como una herramienta adicional para alejarse de los vaivenes del mercado, sin dejar de remarcar que `además podemos ir al Fondo porque no tenemos nada que ocultar… acá no hay gente que se lleva bolsos a conventos`". De esa forma, el relato M y la marca Cambiemos agudizan su envejecimiento, porque quedan asociados a un significante viejo y desfavorable (el FMI), además de recurrir a un “issue” que ya perdió la funcionalidad política que tuvo entre 2016 y 2017 (López).
miércoles, 4 de julio de 2018
Cierre del 1er semestre y perspectivas para el 2do: consistencia de mediciones e hipótesis hacia 2019
En el posteo anterior explicitábamos un criterio según el cual los análisis que realizamos en este blog consideran la consistencia de datos, en un doble sentido: 1) en ocasiones, aparecen mediciones de opinión pública muy desviadas de las demás 2) si además esas mediciones del tipo "mirlo blanco" no son consistentes con el marco de datos (duros y blandos) provenientes ya no de encuestas de opinión pública sino de estudios socioeconómicos, indicadores de actividad (sectoriales o a nivel general) y estudios de consumo, entonces los tomamos con los matices y prevenciones pertinentes. En la entrada precedente, era el caso de una medición de Isonomía que marcaba una relativa mejora para el oficialismo en el mismo mes en que todos los demás estudios mostraban desgaste en la opinión pública y deterioro en otros indicadores. En este post, idéntica consideración nos merece una encuesta de Poliarquía citada recientemente en Perfil, según la cual la imagen de la gestión de Mauricio Macri recuperó en junio 6 puntos porcentuales de los 9 que había perdido en mayo y volvió a superar la barrera del 40%, para cerrar en 42% de imagen positiva. De acuerdo a ese estudio, la desaprobación cayó 8 puntos porcentuales y quedó en 55%. Esa misma nota citaba también el Informe de Confianza (ICG) en el Gobierno realizado por la Universidad Di Tella (UTD), que mostró una leve alza: del 1,94 (sobre 5) de mayo al 2,04 de junio. “Lo único que se me ocurre es que parte de los argentinos necesitan, aun con desconfianza, confiar en algo. En algunas variables, como las de la economía, los números son malos”, conjeturó un analista, de acuerdo a lo publicado. No podemos sino coincidir con esa prudente evaluación, y apuntar que la variación del ICG no es estadísticamente significativa, por lo cual no implica una mejora sustantiva.
Fuera de esa publicación, el análisis de los informes más recientes sigue mostrando el desgaste del oficialismo, con apenas matices. Por caso, los resultados de la encuesta mensual de la Universidad de San Andrés sobre la satisfacción política y opinión pública (ESPOP) de junio revela que el gobierno aún se mantiene en baja en los niveles de satisfacción y aprobación: si bien en relación al mes pasado la aprobación insinúa una recuperación (de nuevo, estadísticamente no significativa), al mismo tiempo se mantiene baja la satisfacción. El estudio se basa en una muestra de 1.004 casos a lo largo del país durante el 7 y 18 de junio, con mayores de 18 años conectados a internet. Según la medición, el presidente Mauricio Macri registra un 53% de desaprobación sobre su gestión, apenas por debajo del pico de mayo pasado, mientras que la aprobación insinuó una leve suba de 3 puntos porcentuales (nuevamente, estadísticamente no significativa), llegando al 45% (ver datos arriba; click para agrandar). En cuanto a la variable geográfico-territorial, la gestión presidencial tiene mayor apoyo en Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA, bastión de Cambiemos desde el 2007): allí, el 56% aprueba la gestión de Macri. En cambio, Provincia de Buenos Aires (PBA) y el Noroeste Argentino (NOA) son las regiones donde la desaprobación supera holgadamente a la aceptación. En PBA, el rechazo llega a un 62%, mientras que en el NOA la desaprobación de la gestión Cambiemos trepa al 60%. Asimismo, como ya vimos en otros estudios, la aprobación de la gestión oficialista y de Macri mejora entre los adultos mayores (segmento denominado "Baby Boomers"), es decir los mayores de 65 años. En ese segmento etario, Macri alcanza el 58% de aprobación de gestión. Por contrapartida, los "milennians" la desaprueban de manera contundente: en los más jóvenes, el rechazo a la gestión Macri alcanza el 67% (ver datos abajo; click para agrandar).
En un posteo reciente citábamos una hipótesis explicativa sobre este apoyo al oficialismo entre los adultos mayores aportada por el periodista Sebastián Lacunza: “La pendiente política y financiera para el gobierno empezó en diciembre, con el recorte a jubilados. Pero los mayores de 60 siguen siendo los que mejor valoran a Macri. Hasta el doble de aprobación que los menores de 30. Nada es monocausal, pero arriesgo una causa. El segmento +60 es el más apegado a consumos periodísticos tradicionales. Radio AM, diarios, tele abierta. Espacios muy valorados por el macrismo a la hora de tejer nexos. La tele monodireccional del domingo a la noche pesa. Los espacios sub 30 circulan por soportes, contenidos y espacios físicos (calle, música, universidad, trabajo, fútbol) más variados, intrínsecamente menos uniformes”. En esta hipótesis, el sesgo editorial pro-Cambiemos del consumo de medios del segmento se ofrece como explicación de la inclinación electoral de los adultos mayores. Resulta oportuno retomar este tema, como anticipamos en esa entrada, puesto que ha sido materia de análisis de varios especialistas. Luego de las elecciones del 2017, Martín Schuster & Agustín Cesio apuntaban lo siguiente. “Leemos: el peronismo es un partido del siglo XX y el PRO es del siglo XXI. La frase tiene punch. Resuena, tiene eco. ¿Es cierta? Por fecha de nacimiento, sí. Pero la oración apunta a otra cosa. Quiere decirnos que el PRO se mueve en el mundo millennial como pez en el agua, mientras el peronismo es un gigante avejentado y anacrónico, que entre el vértigo de los algoritmos sigue cantando la nostalgia de la vieja sociedad salarial. Cuando miramos votos, sin embargo, vemos otra cosa: el PRO crece en apoyos entre las viejas generaciones y el peronismo es más fuerte entre los jóvenes. Un partido para millennials con electorado senior y un partido tradicional que gana entre los millennials”.
Efectivamente: en 2015 y 2017, el voto de los mayores de 65 hacia Cambiemos resultó decisivo en el agregado nacional, y lo mismo se observó en PBA en la competencia entre CFK y Esteban Bullrich, que en la general se saldó a favor del candidato de Cambiemos luego de que la ex presidenta se impusiera por poco en las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) de agosto de 2017. Esto entra en contradicción con la idea de Cambiemos como “novedad”: en todo caso, sería un ropaje nuevo para el anti-peronismo y anti-kirchnerismo de parte del segmento de adultos mayores (arriesgamos: un nuevo significante para un significado viejo). Schuster y Cesio agregaban lo siguiente. “Quizá haya que distinguir dos dimensiones de análisis: una cosa es el electorado y otra la práctica política para interpelarlo. Target y acción sobre ese target son dos cosas distintas. El PRO tiene su núcleo de apoyo en seniorsy en NSE altos; el peronismo (al menos el bonaerense versión 2017) en jóvenes y NSE bajos. Pero la distinción siglo XX/siglo XXI quizá sea más correcto aplicarla al modo en que ambos buscan interpelar a los sectores intermedios, aquellos no claramente volcados por una opción y que finalmente son los que definen el resultado de la competencia entre estas dos primeras minorías. Mientras que el PRO hace diez años viene apostando a nuevas comunicaciones políticas (que por entonces eran minoritarias y extrañas y hoy son casi hegemónicas), el peronismo se debate entre la huida hacia el tradicionalismo partidario y la réplica de las prácticas ajenas que lo derrotaron en 2015". Esto resulta más provocativo; sin embargo, en este “semestre negro” del oficialismo esta parte del planteo perdió vigencia. De hecho, mediciones recientes en redes sociales muestran que el pesimismo ya se instaló fuertemente y que la comunicación oficial se muestra impotente para revertir el contagio del malestar socioeconómico hacia el mundo digital en el que antes parecía salir airosa. En tanto, los adultos mayores, los menos participativos en el mundo digital, siguen siendo los que relativamente más acompañan a Cambiemos. Esto sugiere otra hipótesis de cara al 2019 electoral: si la marca oficialista sufre de envejecimiento prematuro y se va recreando una dinámica polarizadora que mejora el reposicionamiento de CFK y Unidad Ciudadana a costa de las alternativas “opo-oficialistas” del espacio pan-justicialista, entonces la “novedad” podría dejar de ser un valor central en la disputa electoral del año próximo.
Fuera de esa publicación, el análisis de los informes más recientes sigue mostrando el desgaste del oficialismo, con apenas matices. Por caso, los resultados de la encuesta mensual de la Universidad de San Andrés sobre la satisfacción política y opinión pública (ESPOP) de junio revela que el gobierno aún se mantiene en baja en los niveles de satisfacción y aprobación: si bien en relación al mes pasado la aprobación insinúa una recuperación (de nuevo, estadísticamente no significativa), al mismo tiempo se mantiene baja la satisfacción. El estudio se basa en una muestra de 1.004 casos a lo largo del país durante el 7 y 18 de junio, con mayores de 18 años conectados a internet. Según la medición, el presidente Mauricio Macri registra un 53% de desaprobación sobre su gestión, apenas por debajo del pico de mayo pasado, mientras que la aprobación insinuó una leve suba de 3 puntos porcentuales (nuevamente, estadísticamente no significativa), llegando al 45% (ver datos arriba; click para agrandar). En cuanto a la variable geográfico-territorial, la gestión presidencial tiene mayor apoyo en Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA, bastión de Cambiemos desde el 2007): allí, el 56% aprueba la gestión de Macri. En cambio, Provincia de Buenos Aires (PBA) y el Noroeste Argentino (NOA) son las regiones donde la desaprobación supera holgadamente a la aceptación. En PBA, el rechazo llega a un 62%, mientras que en el NOA la desaprobación de la gestión Cambiemos trepa al 60%. Asimismo, como ya vimos en otros estudios, la aprobación de la gestión oficialista y de Macri mejora entre los adultos mayores (segmento denominado "Baby Boomers"), es decir los mayores de 65 años. En ese segmento etario, Macri alcanza el 58% de aprobación de gestión. Por contrapartida, los "milennians" la desaprueban de manera contundente: en los más jóvenes, el rechazo a la gestión Macri alcanza el 67% (ver datos abajo; click para agrandar).
En un posteo reciente citábamos una hipótesis explicativa sobre este apoyo al oficialismo entre los adultos mayores aportada por el periodista Sebastián Lacunza: “La pendiente política y financiera para el gobierno empezó en diciembre, con el recorte a jubilados. Pero los mayores de 60 siguen siendo los que mejor valoran a Macri. Hasta el doble de aprobación que los menores de 30. Nada es monocausal, pero arriesgo una causa. El segmento +60 es el más apegado a consumos periodísticos tradicionales. Radio AM, diarios, tele abierta. Espacios muy valorados por el macrismo a la hora de tejer nexos. La tele monodireccional del domingo a la noche pesa. Los espacios sub 30 circulan por soportes, contenidos y espacios físicos (calle, música, universidad, trabajo, fútbol) más variados, intrínsecamente menos uniformes”. En esta hipótesis, el sesgo editorial pro-Cambiemos del consumo de medios del segmento se ofrece como explicación de la inclinación electoral de los adultos mayores. Resulta oportuno retomar este tema, como anticipamos en esa entrada, puesto que ha sido materia de análisis de varios especialistas. Luego de las elecciones del 2017, Martín Schuster & Agustín Cesio apuntaban lo siguiente. “Leemos: el peronismo es un partido del siglo XX y el PRO es del siglo XXI. La frase tiene punch. Resuena, tiene eco. ¿Es cierta? Por fecha de nacimiento, sí. Pero la oración apunta a otra cosa. Quiere decirnos que el PRO se mueve en el mundo millennial como pez en el agua, mientras el peronismo es un gigante avejentado y anacrónico, que entre el vértigo de los algoritmos sigue cantando la nostalgia de la vieja sociedad salarial. Cuando miramos votos, sin embargo, vemos otra cosa: el PRO crece en apoyos entre las viejas generaciones y el peronismo es más fuerte entre los jóvenes. Un partido para millennials con electorado senior y un partido tradicional que gana entre los millennials”.
Efectivamente: en 2015 y 2017, el voto de los mayores de 65 hacia Cambiemos resultó decisivo en el agregado nacional, y lo mismo se observó en PBA en la competencia entre CFK y Esteban Bullrich, que en la general se saldó a favor del candidato de Cambiemos luego de que la ex presidenta se impusiera por poco en las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) de agosto de 2017. Esto entra en contradicción con la idea de Cambiemos como “novedad”: en todo caso, sería un ropaje nuevo para el anti-peronismo y anti-kirchnerismo de parte del segmento de adultos mayores (arriesgamos: un nuevo significante para un significado viejo). Schuster y Cesio agregaban lo siguiente. “Quizá haya que distinguir dos dimensiones de análisis: una cosa es el electorado y otra la práctica política para interpelarlo. Target y acción sobre ese target son dos cosas distintas. El PRO tiene su núcleo de apoyo en seniorsy en NSE altos; el peronismo (al menos el bonaerense versión 2017) en jóvenes y NSE bajos. Pero la distinción siglo XX/siglo XXI quizá sea más correcto aplicarla al modo en que ambos buscan interpelar a los sectores intermedios, aquellos no claramente volcados por una opción y que finalmente son los que definen el resultado de la competencia entre estas dos primeras minorías. Mientras que el PRO hace diez años viene apostando a nuevas comunicaciones políticas (que por entonces eran minoritarias y extrañas y hoy son casi hegemónicas), el peronismo se debate entre la huida hacia el tradicionalismo partidario y la réplica de las prácticas ajenas que lo derrotaron en 2015". Esto resulta más provocativo; sin embargo, en este “semestre negro” del oficialismo esta parte del planteo perdió vigencia. De hecho, mediciones recientes en redes sociales muestran que el pesimismo ya se instaló fuertemente y que la comunicación oficial se muestra impotente para revertir el contagio del malestar socioeconómico hacia el mundo digital en el que antes parecía salir airosa. En tanto, los adultos mayores, los menos participativos en el mundo digital, siguen siendo los que relativamente más acompañan a Cambiemos. Esto sugiere otra hipótesis de cara al 2019 electoral: si la marca oficialista sufre de envejecimiento prematuro y se va recreando una dinámica polarizadora que mejora el reposicionamiento de CFK y Unidad Ciudadana a costa de las alternativas “opo-oficialistas” del espacio pan-justicialista, entonces la “novedad” podría dejar de ser un valor central en la disputa electoral del año próximo.
martes, 3 de julio de 2018
Cierre del 1er semestre y perspectivas para el 2do en la opinión pública: premisas analíticas, consideraciones metodológicas y mediciones
Como a menudo recordamos, dos de las premisas analíticas de este blog son: 1) no hay electorado por un lado y comunidad por el otro, sino una comunidad, que produce, que consume, que elige y que vota 2) a mediano y largo plazo, son los efectos socioeconómicos los que construyen las tendencias de opinión pública, más allá de los vaivenes de la coyuntura (tomada del consultor Carlos Fara). Esto es, una gestión de gobierno que no genere bienestar mayoritario no puede construir hegemonía a mediano y largo plazo, aunque sí imponerse como primera minoría en un número (limitado) de turnos electorales. Una tercera premisa es metodológica, y resulta oportuno explicitarla ahora: en nuestros análisis y pronósticos, tratamos de seguir el método utilizado por el matemático y cazador de tendencias norteamericano Nate Silver, quien plantea: “Casi todas las predicciones que publico, sean sobre política o sobre otro campo, son probabilísticas. En lugar de escupir un número y fingir que sé exactamente qué va a suceder, presento diversos resultados posibles (…) Los pronósticos de FiveThirtyEight, por ejemplo, combinan a menudo datos de sondeos con información económica y demografía de cada estado”. Silver remarca que los modelos que adoptan un enfoque que combina datos económicos, datos de sondeos y otro tipo de información (un enfoque más propio de un zorro) han obtenido resultados muchos más fiables que otros. Un buen tip es presentar un abanico de no menos de tres escenarios: el mejor posible, el peor posible y el más probable, es decir, un abanico de posibilidades, más sensato que plantear un ´pleno´. “Exponer todos los resultados posibles de forma probabilística constituye una parte fundamental de cualquier pronóstico científico”. Otro buen tip: combinar factores cualitativos y factores cuantitativos. “El modelo que yo utilizo para pronosticar el resultado de las elecciones a la Cámara de Representantes de Estados Unidos, por ejemplo, combina información cuantitativa, como la de los sondeos, con información cuantitativa de algunos expertos como los del Cook Political Report”, apunta el especialista.
Un cuarto criterio, que hasta cierto punto se desprende de los anteriores, es la consistencia de datos. Resulta pertinente explicitarlo, porque en ocasiones aparecen mediciones de opinión pública totalmente desviadas del resto. En este blog, tomamos con pinzas a estos “mirlos blancos”, no sólo cuando se desvían de las mediciones alternativas, sino cuando se presentan inconsistentes con los datos (duros o blandos, oficiales y privados) de consumo y actividad que enmarcan la coyuntura y que revisamos periódicamente en este blog. Por ejemplo, en el “mayo negro” del oficialismo, mientras la gran mayoría de las mediciones mostraban claramente y con apenas matices el desgaste del oficialismo, en Clarín se publicó una encuesta de la consultora Isonomía (proveedora del gobierno) según la cual el presidente Mauricio Macri lograba una mejora de su imagen positiva, que llegaba al 52%, contra una negativa del 44% (ver datos arriba; click para agrandar). En tanto, en imagen de gestión, la misma medición registraba un empate en 49% (ver datos abajo; click para agrandar).
Mientras las mediciones de Isonomía mostraban mejoras relativas para el gobierno en el peor mes de su gestión, todos los demás estudios que hemos revisado en este blog mostraban consistencia: desgaste en los números de la actividad, deterioro del consumo, desgaste en imagen, aprobación y expectativas. Ese mismo mes, la consultora Ipsos detectó que sólo el 36% de los argentinos decía creer que el país está en la dirección correcta, contra 64% que opinaba lo contrario. Ese 36% era el nivel más bajo en lo que iba de la gestión Macri, contra el pico de pesimismo en la serie evolutiva (ver datos arriba; click para agrandar). Ese mismo mes, la consultora Synopsis detectaba un crecimiento de la desconfianza en la capacidad de gestión del gobierno: un alto 60 % de los electores argentinos no tenía ninguna confianza en que pudiera manejar la crisis en curso, contra un 37,8% que sí (ver datos abajo; click para agrandar). Al mismo tiempo, un 55% se mostraba en desacuerdo con la decisión de pedir financiamiento al FMI, en tanto que un 31,4% estaba de acuerdo (ver datos abajo; click para agrandar). En síntesis, los tres guarismos favorables al gobierno perforaban el umbral del 40%: si tenemos en cuenta que Cambiemos obtuvo en las legislativas de medio término del 2017 el 42%, eso implica que las decisiones de política económica del oficialismo van mermando el apoyo, que se repliega cada vez más hacia el núcleo duro de la Alianza: esto es, más cerca del 30% que del 40%.
A fines de mayo, el consultor Rosendo Fraga apuntaba: “La Argentina no ha resuelto una crisis, la está viviendo. Ni la turbulencia cambiaría ni el conflicto social han desaparecido, ni mucho menos. En lo social, lo peor está por llegar en el país, y lo mismo sucede con la inflación”. De esa forma, el analista dejaba en claro que, lejos del relato reiterado del gobierno de que lo peor ya había quedado detrás, lo peor estaba por sobrevenir. De manera fragmentaria, incluso algunos ministros ya han blanqueado que se vienen al menos 2 o 3 meses difíciles, estimación que muy probablemente se quede corta. Como cierre del primer semestre, vimos que la encuesta de Synopsis realizada en junio arrojó que el gobierno perforó el 30% de imagen positiva: 29,1% (ver datos abajo; click para agrandar). Eso confirma en números lo que Fraga dijo: la crisis aún está en desarrollo, mientras el dólar busque su techo Macri seguirá buscando su piso. Además, refuerza la tesis de repliegue del apoyo oficialista a niveles más cercanos al 30% (núcleo duro) que al orden de magnitud en torno al 40% que selló la victoria oficialista en octubre de 2017. Este es el plexo de condiciones de base a partir del cual se estructurarán las tendencias ahora que arrancó el segundo semestre del año.
Un cuarto criterio, que hasta cierto punto se desprende de los anteriores, es la consistencia de datos. Resulta pertinente explicitarlo, porque en ocasiones aparecen mediciones de opinión pública totalmente desviadas del resto. En este blog, tomamos con pinzas a estos “mirlos blancos”, no sólo cuando se desvían de las mediciones alternativas, sino cuando se presentan inconsistentes con los datos (duros o blandos, oficiales y privados) de consumo y actividad que enmarcan la coyuntura y que revisamos periódicamente en este blog. Por ejemplo, en el “mayo negro” del oficialismo, mientras la gran mayoría de las mediciones mostraban claramente y con apenas matices el desgaste del oficialismo, en Clarín se publicó una encuesta de la consultora Isonomía (proveedora del gobierno) según la cual el presidente Mauricio Macri lograba una mejora de su imagen positiva, que llegaba al 52%, contra una negativa del 44% (ver datos arriba; click para agrandar). En tanto, en imagen de gestión, la misma medición registraba un empate en 49% (ver datos abajo; click para agrandar).
Mientras las mediciones de Isonomía mostraban mejoras relativas para el gobierno en el peor mes de su gestión, todos los demás estudios que hemos revisado en este blog mostraban consistencia: desgaste en los números de la actividad, deterioro del consumo, desgaste en imagen, aprobación y expectativas. Ese mismo mes, la consultora Ipsos detectó que sólo el 36% de los argentinos decía creer que el país está en la dirección correcta, contra 64% que opinaba lo contrario. Ese 36% era el nivel más bajo en lo que iba de la gestión Macri, contra el pico de pesimismo en la serie evolutiva (ver datos arriba; click para agrandar). Ese mismo mes, la consultora Synopsis detectaba un crecimiento de la desconfianza en la capacidad de gestión del gobierno: un alto 60 % de los electores argentinos no tenía ninguna confianza en que pudiera manejar la crisis en curso, contra un 37,8% que sí (ver datos abajo; click para agrandar). Al mismo tiempo, un 55% se mostraba en desacuerdo con la decisión de pedir financiamiento al FMI, en tanto que un 31,4% estaba de acuerdo (ver datos abajo; click para agrandar). En síntesis, los tres guarismos favorables al gobierno perforaban el umbral del 40%: si tenemos en cuenta que Cambiemos obtuvo en las legislativas de medio término del 2017 el 42%, eso implica que las decisiones de política económica del oficialismo van mermando el apoyo, que se repliega cada vez más hacia el núcleo duro de la Alianza: esto es, más cerca del 30% que del 40%.
A fines de mayo, el consultor Rosendo Fraga apuntaba: “La Argentina no ha resuelto una crisis, la está viviendo. Ni la turbulencia cambiaría ni el conflicto social han desaparecido, ni mucho menos. En lo social, lo peor está por llegar en el país, y lo mismo sucede con la inflación”. De esa forma, el analista dejaba en claro que, lejos del relato reiterado del gobierno de que lo peor ya había quedado detrás, lo peor estaba por sobrevenir. De manera fragmentaria, incluso algunos ministros ya han blanqueado que se vienen al menos 2 o 3 meses difíciles, estimación que muy probablemente se quede corta. Como cierre del primer semestre, vimos que la encuesta de Synopsis realizada en junio arrojó que el gobierno perforó el 30% de imagen positiva: 29,1% (ver datos abajo; click para agrandar). Eso confirma en números lo que Fraga dijo: la crisis aún está en desarrollo, mientras el dólar busque su techo Macri seguirá buscando su piso. Además, refuerza la tesis de repliegue del apoyo oficialista a niveles más cercanos al 30% (núcleo duro) que al orden de magnitud en torno al 40% que selló la victoria oficialista en octubre de 2017. Este es el plexo de condiciones de base a partir del cual se estructurarán las tendencias ahora que arrancó el segundo semestre del año.
jueves, 28 de junio de 2018
Un desgaste oficialista que favorece la polarización
La encuesta de Synopsis que muestra al gobierno perforando el 30% de imagen positiva en junio arroja en los resultados de su apartado electoral datos que refuerzan nuestra tesis de que el malestar socioeconómico tiende a recrear el plexo de condiciones de una polarización de cara al 2019 electoral. Es decir, el oficialismo se repliega hacia su núcleo duro, pero lo mantiene, mientras que la principal fuerza alternativa (Unidad Ciudadana) y la principal figura opositora se confirman como las contrapartes electorales de Cambiemos, todo a costa de las opciones “opo-oficialistas”. Veamos los datos (ver arriba; click para agrandar): entre marzo de 2018 (precrisis) y junio (poscrisis), la preferencia por Cambiemos pasa del 36,8% al 36,2%, una variación estadísticamente no significativa (-0,8%) que de todos modos pone al gobierno por debajo del 42% logrado en las elecciones de medio término del 2017, aunque dentro del orden de magnitud del resultado obtenido en la primera vuelta del 2015 por Mauricio Macri (34,15%). En el mismo período, la preferencia por el kirchnerismo pasa de 19,3% a 23,8%, una variación positiva de 4,5 puntos porcentuales que si bien no es una suba estadísticamente significativa se da sobre todo a costa de “una alternativa nueva”, respuesta que cae del 36,3% al 30,2% (+6,1 puntos porcentuales), ya que los indefinidos pasan de 7,7% a 9,7% (+2 pp).
Al interior de los 2 principales polos tampoco se registran vuelcos (ver datos arriba; click para agrandar). Entre quienes tienen preferencias por Cambiemos, la gobernadora de Buenos Aires María Eugenia Vidal pasa de 33% a 38,1% (+ 5,1 puntos porcentuales) y Macri de 59,5% a 57,6% (- 1,9 pp, variación estadísticamente no significativa). Las figuras de Marcos Peña y Horacio Rodríguez Larreta no gravitan como alternativas en el oficialismo, mientras que Macri le saca casi 20 puntos porcentuales a Vidal. Al interior del kirchnerismo, CFK pasa de 71,8% a 70,8% (-1 pp, variación estadísticamente no significativa), en tanto que Axel Kicillof pasa de 16,3% a 16,2% (-0,1, nuevamente una variación estadísticamente no significativa). Agustín Rossi casi duplica su participación, pero dentro de niveles aún bajos (pasa de 3,2% a 6,3%). En cualquier caso, la hegemonía de CFK al interior de su espacio es mayor que la de Macri en Cambiemos. De haber una renovación, requeriría el aval de CFK en carácter de "gran electora", es decir, ungiendo a un candidato para su sucesión.
En tercer término, Synopsis midió a Macri enfrentando a distintos potenciales candidatos de la oposición en escenarios virtuales de ballotage, entre los que se destacan Cristina Kirchner, Sergio Uñac, Juan Urtubey, Sergio Massa y Alberto Rodríguez Saa. Por supuesto, el escenario es prematuro en la medida en que cualquier proyección de una segunda vuelta requiere conocer los resultados de la primera para una mejor aproximación. Aun así, el dato resulta relevante e ilustrativo. En todos los casos, los resultados de Synopsis muestran que se impondría el actual presidente, pero con guarismos bien por debajo del 51,34% obtenido en el ballotage del 2015 y en algunos casos incluso por debajo del 42% logrado por Cambiemos en las legislativas del 2017. Otro dato preocupante para el oficialismo es que se acortan las distancias con la oposición, y otro igual de importante es que la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner es quien se ubica más cerca de Macri, lo que la confirma como la principal figura opositora, relegando así a dirigentes alternativos del espacio opositor y pan-justicialista. De hecho, desde marzo pasado (precrisis), CFK sube casi 5 puntos porcentuales (4,9) y acorta la distancia con Macri a apenas 7,2 puntos porcentuales, bien por debajo de los casi 17 de marzo pasado (16,9 pp), no sólo por mejora propia sino también por deterioro del presidente, que cae casi 5 puntos porcentuales (4,8 pp, de 49,4% a 44,6%). Así, una eventual puja entre la ex presidenta y el actual presidente resulta en el escenario más competitivo (ver datos arriba; click para agrandar).
Los demás eventuales competidores medidos por Synopsis también achicaron el margen con Macri, pero siguen siendo menos competitivos que CFK. El segundo en lograr la mayor participación electoral potencial es el gobernador de San Luis Alberto Rodríguez Saá, aliado de la ex presidenta: obtiene 32,7% frente a 42,5% de Macri. Así, logra una diferencia de 9,8 puntos porcentuales pero, a diferencia de CFK, se mantiene estable respecto a su registro de marzo pasado (ver datos arriba; click para agrandar). Sergio Massa achica la diferencia con Macri a 8,4 pp, una variación estadísticamente no significativa con Rodríguez Saá, pero a costa de una penetración algo menor (31,2%) y también menor polarización del escenario (ver datos abajo; click para agrandar). Finalmente, dos gobernadores del PJ, el sanjuanino Sergio Uñac y el salteño Juan Urtubey, registran participaciones menores al 25%, con brechas respecto a Macri entre 13 y 16 puntos porcentuales, lo que los ubica como menos competitivos que aquellas figuras con un perfil opositor más nítido (como CFK y Alberto Rodríguez Saá) y otros dirigentes con mayor volumen electoral, aunque “opo-oficialistas”, como Sergio Massa. En síntesis, los datos de Synopsis muestran que la preocupación por la situación económica, la corrida cambiaria, los tarifazos y el retorno al FMI no sólo afectaron la imagen de la gestión presidencial haciendo que perfore el piso del 30%, sino que también refuerzan a la principal fuerza y dirigente opositora, en un panorama en el cual se achican las distancias entre el oficialismo y las alternativas de cambio en 2019.
Al interior de los 2 principales polos tampoco se registran vuelcos (ver datos arriba; click para agrandar). Entre quienes tienen preferencias por Cambiemos, la gobernadora de Buenos Aires María Eugenia Vidal pasa de 33% a 38,1% (+ 5,1 puntos porcentuales) y Macri de 59,5% a 57,6% (- 1,9 pp, variación estadísticamente no significativa). Las figuras de Marcos Peña y Horacio Rodríguez Larreta no gravitan como alternativas en el oficialismo, mientras que Macri le saca casi 20 puntos porcentuales a Vidal. Al interior del kirchnerismo, CFK pasa de 71,8% a 70,8% (-1 pp, variación estadísticamente no significativa), en tanto que Axel Kicillof pasa de 16,3% a 16,2% (-0,1, nuevamente una variación estadísticamente no significativa). Agustín Rossi casi duplica su participación, pero dentro de niveles aún bajos (pasa de 3,2% a 6,3%). En cualquier caso, la hegemonía de CFK al interior de su espacio es mayor que la de Macri en Cambiemos. De haber una renovación, requeriría el aval de CFK en carácter de "gran electora", es decir, ungiendo a un candidato para su sucesión.
En tercer término, Synopsis midió a Macri enfrentando a distintos potenciales candidatos de la oposición en escenarios virtuales de ballotage, entre los que se destacan Cristina Kirchner, Sergio Uñac, Juan Urtubey, Sergio Massa y Alberto Rodríguez Saa. Por supuesto, el escenario es prematuro en la medida en que cualquier proyección de una segunda vuelta requiere conocer los resultados de la primera para una mejor aproximación. Aun así, el dato resulta relevante e ilustrativo. En todos los casos, los resultados de Synopsis muestran que se impondría el actual presidente, pero con guarismos bien por debajo del 51,34% obtenido en el ballotage del 2015 y en algunos casos incluso por debajo del 42% logrado por Cambiemos en las legislativas del 2017. Otro dato preocupante para el oficialismo es que se acortan las distancias con la oposición, y otro igual de importante es que la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner es quien se ubica más cerca de Macri, lo que la confirma como la principal figura opositora, relegando así a dirigentes alternativos del espacio opositor y pan-justicialista. De hecho, desde marzo pasado (precrisis), CFK sube casi 5 puntos porcentuales (4,9) y acorta la distancia con Macri a apenas 7,2 puntos porcentuales, bien por debajo de los casi 17 de marzo pasado (16,9 pp), no sólo por mejora propia sino también por deterioro del presidente, que cae casi 5 puntos porcentuales (4,8 pp, de 49,4% a 44,6%). Así, una eventual puja entre la ex presidenta y el actual presidente resulta en el escenario más competitivo (ver datos arriba; click para agrandar).
Los demás eventuales competidores medidos por Synopsis también achicaron el margen con Macri, pero siguen siendo menos competitivos que CFK. El segundo en lograr la mayor participación electoral potencial es el gobernador de San Luis Alberto Rodríguez Saá, aliado de la ex presidenta: obtiene 32,7% frente a 42,5% de Macri. Así, logra una diferencia de 9,8 puntos porcentuales pero, a diferencia de CFK, se mantiene estable respecto a su registro de marzo pasado (ver datos arriba; click para agrandar). Sergio Massa achica la diferencia con Macri a 8,4 pp, una variación estadísticamente no significativa con Rodríguez Saá, pero a costa de una penetración algo menor (31,2%) y también menor polarización del escenario (ver datos abajo; click para agrandar). Finalmente, dos gobernadores del PJ, el sanjuanino Sergio Uñac y el salteño Juan Urtubey, registran participaciones menores al 25%, con brechas respecto a Macri entre 13 y 16 puntos porcentuales, lo que los ubica como menos competitivos que aquellas figuras con un perfil opositor más nítido (como CFK y Alberto Rodríguez Saá) y otros dirigentes con mayor volumen electoral, aunque “opo-oficialistas”, como Sergio Massa. En síntesis, los datos de Synopsis muestran que la preocupación por la situación económica, la corrida cambiaria, los tarifazos y el retorno al FMI no sólo afectaron la imagen de la gestión presidencial haciendo que perfore el piso del 30%, sino que también refuerzan a la principal fuerza y dirigente opositora, en un panorama en el cual se achican las distancias entre el oficialismo y las alternativas de cambio en 2019.
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