lunes, 5 de diciembre de 2016

De los globos amarillos a la alerta roja (2)


El relato de Cambiemos habla de una economía heredada con 5 años de estancamiento, lo cual a tenor de los propios números del Indec dirigido por Jorge Todesca no es cierto: entre 2011 y 2015, el PBI revisado creció 7,1%, esto es, un promedio de 1,8 puntos por año, donde se mezclan años de buen crecimiento (6,1% en 2010) con otros de caída (-2,6% en 2014). Pero, en promedio, el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner cierra con un crecimiento promedio magro (1,8%), no estancamiento. Es decir que la herencia en ese plano no fue tan pesada como la que el actual gobierno plantea ni tampoco tan crítica como la que muchos economistas postulan (ver datos arriba; click para agrandar).

En sentido contrario, tanto el actual gobierno como la mayoría de los economistas subestimaron la caída del PBI para este año: hacia el cierre del primer trimestre el promedio de las estimaciones rondaba entre el -0,7 y el -1% (¡y hasta había economistas que esperaban una suba del Producto!). En la transición del primer al segundo semestre las estimaciones ya oscilaban entre 1 y 1,5% y al cierre del tercer trimestre se empezó a hablar de un -2%. En este blog, recientemente apuntamos que no nos sorprendería una caída similar a la del 2014, esto, es, en el orden del 2,5%-2,6%. Ayer, Jorge Vasconcelos, del Ieral-Fundación Mediterránea, estimó que la contracción puede ser del 2,5%, lo cual confirma la predicción relativa a la “kicillofización” (esto es, caída del PBI con alta inflación) como efecto de la política económica del primer año de gobierno de Mauricio Macri. Algo en esa línea ya podía intuirse en diversas estimaciones (ver datos abajo; click para agrandar).

Esto supone varios problemas para el gobierno: el primero, que la recuperación prometida para el segundo semestre de 2016 no sucederá. Las posibilidades de salir de la recesión antes de fin de año se redujeron de 73% en septiembre a 40% en octubre, según resultados de un índice elaborado por el Centro de Investigación en Finanzas de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella. La semana pasada, todos los indicadores de octubre dieron como resultado un rojo intenso (caída de la actividad general, de la industria y de la construcción). El segundo, que relativiza las expectativas de crecimiento para el 2017. Recientemente, el economista jefe para América del Sur del banco HSBC, Javier Finkman, advirtió ayer que la recesión en la Argentina es "más fuerte y profunda de lo anticipado", lo cual demorará la llegada de inversiones y la reactivación. Por su parte, el economista Eduardo Levy Yeyati consideró que “la recuperación de la economía se está demorando más de la cuenta” y que si en 2017 empezamos a crecer, sólo se va a estar recuperando lo perdido de este año.

Esto implica un riesgo mayúsculo para el gobierno, porque implicaría que así como 2016 “imita” al 2014, 2017 podría imitar al 2015. Como en los 2 últimos años de gobierno de CFK, a una caída del PBI del orden de 2,6% le seguiría un año de crecimiento magro (fue de 2,4% en 2015). En esa línea, recientemente, el economista Miguel Ángel Broda estimó que el repunte de 2017 será levemente inferior al 2,5%. Antes de eso, tomando nota de que el presupuesto del gobierno prevé un crecimiento de 3,5% del PBI para 2017, Vasconcelos apuntó que esa estimación estaría sobreestimada al menos en 0,7 puntos porcentuales, por lo cual el crecimiento del año que viene no sería mayor al 2,8%. Poco de cara a un año electoral en el cual el gobierno necesita ganar las elecciones y sumar legisladores nacionales para bajar el costo fiscal que lograr gobernabilidad le ha supuesto este año. 



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