Cerrábamos el posteo anterior en el que citábamos la encuesta de Gustavo Córdoba y Asociados destacando el dato de la pérdida de confianza. En ese sentido, el consultor homónimo evaluó que “recuperarse en una crisis, implica recuperar confianza. Casi un 66% de argentinos manifiesta con claridad que se sienten defraudados con Mauricio Macri”, guarismo que contrasta con apenas un 26,7% de respaldo al presidente, lo que pone en evidencia que la crisis de confianza sigue en curso. En la misma línea, casi un 62% (61,8%) de los electores argentinos según ese estudio percibe que el gobierno es nada o poco creíble para manejar la economía del país, con casi un 50% (49,5%) de núcleo intenso más desfavorable. Por contrapartida, sólo 13,6% ve al presidente y su equipo muy creíbles y 21,2% los ve algo creíbles (ver datos arriba; click para agrandar). Esto confirma la pérdida de confianza en el oficialismo para gestionar la actual crisis.

El desgaste del oficialismo se detecta también en un bastión del PRO desde el 2007 como es Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Según reveló una encuesta realizada por la Consultora Analogías en la Capital Federal entre los días 1 y 2 de julio sobre una muestra de 3.680 electores del distrito, Mauricio Macri registró allí por primera vez desde que es presidente una valoración negativa (51,4%) mayor a la positiva (46,9%), con un rechazo muy marcado en los jóvenes y adultos de hasta 45 años y un apoyo predominante en los segmentos de mayor edad y el público femenino (ver datos arriba; click para agrandar). "El deterioro en la valoración de la gestión del oficialismo a nivel nacional afecta la distribución de preferencias electorales entre los porteños", apuntó la consultora al referirse a la intención de voto de cara al 2019. Así, indagados sobre si preferirían una opción oficialista u opositora para las elecciones a Jefe de Gobierno del año próximo, las respuestas se muestran casi empatadas en torno al 40%. Entre quienes respondieron que votarían en 2019 a una opción opositora a la coalición Cambiemos, más del 60% de este público se inclinó por preferir “una opción nueva”, lo que permite proyectar que, en el caso que la oposición en la ciudad logre identificar y construir una candidatura competitiva nueva, tiene posibilidades de disputar la Jefatura de Gobierno. Por otro lado, la crisis económica aparece al frente de las preocupaciones de los porteños, con 54% de las respuestas. Los grandes problemas que enfrenta el país en la actualidad, según esos electores, son la inflación (27%), el desempleo (17%) y, en menor medida, la suba del dólar (9,7%). En tanto, la corrupción y la inseguridad, que en años previos ocuparon los primeros puestos, quedaron relegadas al tercer y cuarto lugar. "Quienes afirman haber elegido a Cambiemos en octubre se muestran relativamente más preocupados por la corrupción y la inseguridad, mientras que la agenda económica se profundiza entre quienes optaron por fuerzas opositoras", estimó la consultora.

Peor resultado arroja el más reciente sondeo nacional de la consultora CEOP. Se trata de un estudio realizado sobre una muestra de 1.200 casos que respeta las proporciones por edad, sexo y nivel económico-social y relevado de manera telefónica. Según los datos, la imagen negativa de Macri trepa al 59,1% frente a un 35,7% de positiva, un guarismo que está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por él en la primera vuelta de 2015: 34,15%. Esa evaluación resulta en un diferencial negativo desfavorable de 23,4 puntos porcentuales (ver datos arriba; click para agrandar). El malestar socioeconómico dominante se confirma en las emociones que genera la situación actual: bronca, incertidumbre y miedo fueron las más mencionadas respecto a la administración Macri y la situación económica del país (ver datos abajo; click para agrandar). En la misma línea, 7 de cada 10 dicen que la economía en su casa está mal y casi igual proporción piensa que dentro de un año estarán también mal, pues casi 8 (79,8%) de cada 10 personas tienen poca o ninguna confianza en el equipo económico, un registro aún más alto que el que veíamos en el estudio de Córdoba y Asociados citado recientemente.


Como era previsible, este cuadro también permea en el clima de opinión de cara al 2019 electoral. El 45,4% señala que si hubiera elecciones el próximo domingo votaría por candidatos de la oposición, mientras que 31,2% lo haría por los oficialistas, guarismo que es un buen piso pero que resulta insuficiente para imponerse en primera vuelta e implica un retroceso de casi 11 puntos porcentuales respecto al resultado obtenido por la Alianza Cambiemos en los comicios de medio término de octubre de 2017 (ver datos abajo; click para agrandar). Otro dato alarmante para Cambiemos es que, según el sondeo, el 40,5% de los ciudadanos que votaron por Macri en los comicios presidenciales en el ballotage de noviembre de 2015 no volvería a hacerlo (ver datos al final del post; click para agrandar).

Sintetizando, según el sociólogo Roberto Bacman, director de CEOP, “si en nuestro país existiera un claro y definido bipartidismo no cabría duda que el partido opositor, aquel que podría estructurarse si el peronismo logra construir la unidad, se impondría con facilidad. Lejos quedaron los tiempos cuando el oficialismo soñaba con un triunfo en primera vuelta. Sin embargo, sigue imaginando una oposición dividida y mantiene firme su esperanza de volver a antagonizar con el kirchnerismo, ya sea desde el punto de vista estrictamente político, o con CFK como figura simbólica y representativa de tal antagonismo (…) hay un elemento que genera un nuevo desafío en el campamento oficialista. Nada más ni nada menos que 4 de 10 diez votantes que optaron por Macri en segunda vuelta, no lo volverían a votar. El valor es realmente duro para la actual estrategia electoral del oficialismo. La desesperanza es significativa y posee un anclaje cualitativo que descansa en cuatro factores. En estricto orden de importancia, lo primero es el incumplimiento de promesas. Segundo, que no logró diferenciarse y terminó siendo para la gente más de lo mismo. Tercero, que el cambio pregonado realmente no existió. Cuarto, que le han perdido la confianza”.

1. El resultado de la reciente elección presidencial en México, en la cual Andrés Manuel López Obrador (AMLO) obtuvo el 53,19% de los votos y fue seguido por Ricardo Anaya (22,27%), José Meade 16,40% y Jaime Calderón “El Bronco” 5,23% despertó, por su distribución, ciertas evocaciones de la victoria electoral de CFK en 2011: la entonces presidenta logró 54,11%, Hermes Binner 16,81%, Ricardo Alfonsín 11,14%, Alberto Rodríguez Saá 7,96% y otros tres candidatos se ubicaron con guarismos por debajo del 6%. Las similitudes son que el ganador logra una elección plebiscitaria, ubicándose por encima del 50%, y que los dos candidatos que le siguen logran alcanzar los dos dígitos pero quedan a 30 puntos porcentuales o más de distancia, redondeando así un resultado categórico. Sin embargo, en el caso de AMLO es preciso destacar particularidades de la elección mexicana, a saber:
2. AMLO logró una amplísima mayoría, la más holgada de la historia democrática de México, compitiendo en carácter de candidato opositor (mientras que CFK fue reelecta). De hecho, se trató de la tercera vez en que competía por la presidencia. Lo abultado de su victoria se tradujo en una oleada de diputados, senadores, gobernadores, y legisladores locales de su coalición que se traduce en un poder territorial y parlamentario inédito para un partido que llega por primera vez a la presidencia (ver datos arriba; click para agrandar). Para tomar dimensión de lo amplio de su victoria, basta con mencionar que se impuso en 31 de los 32 estados del país.
3. La candidatura de AMLO venía apuntalada por sus antecedentes como alcalde de la Ciudad de México, distrito en el que para la elección de presidente alcanzó un 57,72% de los votos totales. Aunque allí hizo gran parte de su carrera política, sin embargo no tuvo allí su mejor resultado: hubo 10 estados en los que logró superar el 60% de los votos, como se puede apreciar en el listado debajo.
Tabasco, 80,08%
Tlaxcala, 70,59%
Quintana Roo, 67,13%
Morelos, 65,95%
Oaxaca, 65,27%
Nayarit, 65,13%
Sinaloa, 64,43%
Baja California Sur, 64,00%
Baja California, 63,88%
Guerrero, 63,05%
4. Así como en Ciudad de México su vínculo como ex gobernante le traccionó a favor, el vínculo familiar también fue una clave para su performance en Tabasco, el estado récord en el que rebasó el 80% de los votos. Se trata del estado natal de AMLO. Como dato ilustrativo, en el municipio de Centro en su estado natal, López Obrador logró el 87,3% de los votos y una ventaja de más de 236 mil votos frente al segundo lugar (José Antonio Meade, del PRI, con apenas el 6,8% de los votos).
5. Con respecto a la variable instrucción, las secciones con muy baja y muy alta escolaridad promedio votaron por Anaya (PAN), mientras que las que tienen en promedio una escolaridad de secundaria o "prepa" lo hicieron por AMLO.
6. La variable religión es de interés considerando la alianza de MORENA (fuerza de base de AMLO) con el Partido Encuentro Social, una formación con una fuerte base social de evangélicos, y también la Ricardo Anaya (PAN) con el Frente Nacional de la Familia. Pese a que se criticó la alianza de AMLO con el PES, no hubo afectación a nivel de los electores: a mayor porcentaje de la población que se declara atea, fue mayor el porcentaje de votos por AMLO. Se dio lo contrario en el caso de Anaya, que obtuvo un mayor porcentaje de votos en las secciones electorales con un menor porcentaje de ateos y mayor de personas que se declaran religiosas.
7. El acceso a salud a la salud es otra variable clave en México, pues muchas veces implica formalidad en el empleo y de atención estatal. En las secciones más desatendidas, con mayor parte de la población sin acceso a los servicios de salud, López Obrador obtuvo un mayor porcentaje de votos en comparación con el segundo más votado (Anaya), quien en cambio obtuvo un mayor porcentaje de votos en las secciones donde la mayor parte de la población tiene garantizado el acceso a la salud.
8. La participación electoral en esta elección fue en promedio 63% de las personas en la lista nominal, porcentaje casi idéntico al del 2012. Así, AMLO no triunfó por sumar electores que antes no votaban, sino por atraer a votantes que antes habían acompañado a otros partidos. La coalición de Morena, PT y PES ganó en el 79% de las secciones que había ganado el PRI en 2012; en 52% de las que había ganado algún miembro del PAN en la elección presidencial anterior.
9. Aún así, la fidelidad de los votantes anteriores fue clave. AMLO ganó en casi el 100% de las que ya había ganado en 2012 compitiendo por el PRD: en rigor, en 97,1% de las secciones en las que había ganado las dos veces anteriores. Ni Anaya ni Meade lograron retener con un porcentaje tan elevado de secciones que hasta entonces habían sido bastiones de sus partidos; Anaya retuvo apenas el 49% de las secciones que habían sido panistas en las dos elecciones anteriores y Meade sólo retuvo el 26% de las que fueron dos veces del PRI.
10. Finalmente, por NSE, los votantes de AMLO tradicionalmente provienen de secciones mayoritariamente urbanas, educadas, de clase media y con más conexión a internet que automóvil, pero en esta elección también recibió el voto de los más pobres, de los electores que no tienen acceso a servicios de salud y un voto rural que tradicionalmente se inclina por el PRI; incluso pudo captar esta vez también el voto de algunas secciones de las clases más altas, que tradicionalmente optaban por el PAN.

En el post anterior citábamos datos del estudio nacional de Gustavo Córdoba y Asociados realizado en junio que cuantificaban el malestar socioeconómico de los electores argentinos con el manejo de la situación económica por parte del oficialismo. Nuestra mirada interpretativa es que ese desgaste ha ido permeando en la gestión y que en la medida en que ese malestar no ceda el gobierno no podrá dar por superada la crisis política que se abrió con la corrida cambiaria y se combinó con la crisis económica. Pues bien, la medición IVR de esa misma consultora del mes de julio ratifica nuestra hipótesis: realizada sobre una muestra nacional de 1.200 casos, con un error muestral de +- 2,83%, arroja que la aprobación de la gestión del gobierno nacional alcanza casi 37% (36,8%), un guarismo que está en el orden de magnitud del resultado obtenido por Mauricio Macri en la primera vuelta presidencial del 2015 (34,15%) y que es el segundo más bajo de la serie evolutiva desde el piso de mayo pasado (la variación respecto a esa medición no es estadísticamente significativa). Al mismo tiempo, la desaprobación roza el 61% (60,7%), muy por encima del 48,66% de votos obtenidos por el FPV en el ballotage del 2015, lo que pone en evidencia que el desgaste permea entre votantes de Macri en esa instancia (ver datos arriba; click para agrandar).

Al mismo tiempo, la imagen del presidente arroja un diferencial negativo de 13,2 puntos porcentuales, resultante de una positiva de casi 42% (41,9%) y una negativa de 55,1%, con un 2,8% ns/nc (ver datos arriba; click para agrandar). Esto ubica al presidente con un desempeño de imagen desfavorable respecto a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que según este estudio logra una positiva de 48,1% y una negativa de 48,9%, con un 2,5% de ns/nc (ver datos debajo; click para agrandar). Ese resultado implica un empate técnico en imagen y confirma que si bien CFK polariza, obtiene en esta medición una performance relativamente mejor que Macri, al lograr un diferencial negativo menor a 1 punto porcentual (0,8). De esta manera, la medición se suma a otras que ya venían mostrando una mejora de CFK en imagen, al punto de ponerla en paridad con el actual presidente o incluso por encima como en este caso, dato que en 2016 y 2017 no se observaba.

Esto refuerza nuestra tesis de que el tránsito para el 2019 estaría recreando una dinámica polarizadora y de que el macrismo, que capitalizó un consenso negativo respecto al gobierno anterior, ahora está generando a su vez un consenso negativo en torno a su propia gestión que le da a las elecciones de 2019 una imprevisibilidad novedosa respecto a las lecturas dominantes luego del resultado de las legislativas de medio término del 2017. Otro dato clave: CFK también aventaja al presidente en que tiene una intensidad positiva más alta (27,3% de imagen muy buena, contra 14,4%) y una intensidad negativa más baja (ver datos abajo, click para agrandar).


Al respecto, el consultor Gustavo Córdoba evaluó: “Cristina tiene hoy mejor imagen que el presidente de la República. Todo un síntoma de los tiempos que vivimos. CFK acertó en ponerse en un plano secundario. Cristina lo único que ha hecho es callarse, creció con nada. No aprovecharse de Macri, le ha permitido recuperarse. La recuperación de Cristina Fernández de Kirchner es mérito exclusivo de (Mauricio) Macri. Con prudencia está al margen de la crítica, eso le ha permitido bajar la imagen negativa. CFK acertó en ponerse en un plano secundario. Al estar solo, al no poder tener un contendiente, los errores, la descontextualización de las medidas y la política de Cambiemos son muy visibles. Por eso se sostiene la negatividad. Es un escenario negativo. No se han visto aún los efectos de las políticas concretas del FMI. Faltan los efectos concretos. El aumento del dólar pega en las tarifas por los acuerdos con las petroleras. El gobierno no ha podido controlar la situación producida por la crisis cambiaria, no ha acertado. Sólo ha tenido algún respiro, pero hay crisis de confianza, malos manejos, errores y situación internacional desfavorable. El gobierno no está atravesando su mejor momento. El cambio de ministros no le aportó valor, no ganaron espacios de maniobra. Hay persistencia de la negatividad, es un factor que marca con claridad la pérdida de confianza en el gobierno”.
El estudio también confirma el malestar socioeconómico que se había detectado en mayo: casi el 65% de los argentinos mayores de 16 cree que en un año la situación de la economía va a empeorar y sólo el 27% opina lo contrario, un guarismo que está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por la Alianza Cambiemos en la PASO del 2015: 30,12%. Asimismo, la inflación sigue siendo el principal tema que preocupa a los argentinos y la corrupción sigue en grado de importancia. En otro tramo de la encuesta, ante la afirmación "Macri me ha defraudado", un 66% se mostró de acuerdo con ella y un 26,7% en desacuerdo, guarismo que está en el orden de magnitud del resultado obtenido por Macri en las PASO del 2015 (24,5%), lo cual sugiere que corresponde al "núcleo duro de respaldo al presidente", evaluó Córdoba (ver datos abajo; click para agrandar).

Con el dólar oscilando en torno a los 28 pesos en los últimos días después de amagar con llegar a los 30, el gobierno nacional se aferra a la esperanza de que si esa moneda encuentra un techo más o menos estable su propia imagen puedan encontrar un piso (a partir del cual pueda rebotar o, al menos, mantenerse). En el posteo anterior citábamos una encuesta de la consultora Ricardo Rouvier realizada entre el 2 y 18 de junio sobre un total de 1.200 casos a lo largo de todo el país, del cual extraíamos el dato evolutivo de la imagen de CFK. Ese estudio, que también incluía una serie evolutiva de la imagen del presidente Mauricio Macri y de su gestión de gobierno, sugiere cierta correlación entre la variación del dólar y la variación de imagen del presidente. La negativa en junio se estabilizó en casi 59%, mientras que la positiva lo hizo en torno al 37% (ver datos arriba; click para agrandar). En ambos casos, las variaciones no son estadísticamente significativas respecto a la medición anterior, por lo cual si bien existe una cierta consistencia entre las oscilaciones de la imagen y del tipo de cambio, son demasiado tenues como para hablar de una correlación estadística estricta (ver datos abajo; click para agrandar).

En el plano de la gestión, los resultados son aún más desfavorables para el oficialismo: casi 62% (61,8%) tiene una opinión negativa, mientras que sólo un 33,1% mantiene una opinión positiva, guarismo que está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por los Macri en la primera vuelta del 2015: 34,12% (ver datos abajo; click para agrandar). En los extremos, quienes consideran que la gestión de Macri en la Rosada es "mala o muy mala" alcanza casi el 41% (40,7%) mientras que quienes toman como "buena o muy buena" la gestión logra sólo el 18,4% (es decir, por debajo del núcleo duro de Cambiemos constituido por los votantes de Macri en las PASO 2015: 24,5%). En este marco, insistimos en que creemos en una cadena multicausal más larga y a efectos más mediatos que inmediatos en el tiempo, que podemos simplificar así: incertidumbre-crisis cambiaria-suba del dólar-pass through (pase a precios de parte de la devaluación)-inflación-malestar socioeconómico-desgaste político. Es decir, en la medida en que el malestar socioeconómico no ceda, no se puede esperar una estabilización de las variables de imagen del oficialismo.

Esto también tiene una explicación en términos de política económica. El cóctel de medidas implementado por el gobierno para aplacar la crisis cambiaria toma la forma de un paquete procrastinador: las soluciones de fondo se demoran y a cambio hay una fuga hacia adelante que genera elevados costos en la economía real. La suba de tasas es el ejemplo más claro de una medida que profundizará el malestar socioeconómico que las encuestas vienen detectando desde hace meses. El sociólogo Carlos de Angelis evaluó que “el terremoto cambiario ocurrido en mayo y la decisión de recurrir al FMI colocan al país en un túnel donde se desconoce cuándo aparecerá la luz final. El túnel es el enfriamiento de la economía, un camino que ya se transita según las nuevas proyecciones que indican que el país crecería en 2018 entre 0,8 y 1,5% del PBI. El freno es producto de combinar la reducción de poder de compra de los salarios con la falta de interés de los empresarios para realizar inversiones frente a una tasa de interés del 40%”. Si observamos el evolutivo de Rouvier (ver datos debajo; click para agrandar) se advierte el efecto acumulativo del malestar socioeconómico en la erosión de la imagen de gestión a mediano plazo (ya que las variaciones medición a medición no suelen ser estadísticamente significativas, pero sí adquieren significatividad en la serie más larga).

Sumando datos perceptivos que dan cuenta del malestar socioeconómico, un estudio de la consultora Gustavo Córdoba & Asociados realizado en junio mostró un amplio rechazo al manejo de la situación económica por parte de la Casa Rosada, con efecto "halo" en la imagen del “superministro” Nicolás Dujovne. Según el sondeo nacional, realizado mediante IVR sobre una muestra de 1.200 casos con un margen de error muestral de +- 2,83%, el 58,3% de los electores argentinos se expresó en contra del plan económico del Gobierno y sólo el 37,5% se expresó a favor (ver datos abajo; click para agrandar), un guarismo que está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Mauricio Macri en la primera vuelta del 2015 (34,15%).

En ese marco, el consultor Gustavo Córdoba evaluó que “se ve un gran disenso con respecto a la política económica y financiera de Mauricio Macri”. En cuanto a la valoración de la figura del ministro, los resultados son más desfavorables. Aunque su peso específico en el gabinete creció con la crisis de cambiaria y la salida de ministros y otros funcionarios, su imagen negativa alcanza el 53%, contra sólo el 24,8% de imagen positiva (ver datos abajo: click para agrandar). En este caso, el acompañamiento retrocede desde casi el 38% que vimos en la variable anterior a un guarismo que está en el orden de magnitud del resultado obtenido por Macri en las PASO del 2015: 24,50%, es decir, el núcleo más duro de la Alianza Cambiemos.
Sin embargo, es peor el resultado en términos de confianza: el 78% destacó no ver que el presidente Mauricio Macri tenga la situación económica bajo control y apenas un 12% consideró que Macri tiene el asunto controlado. “El conjunto de todos estos datos muestra no sólo un rechazo generalizado a la política económica, sino también una profunda desconfianza en la capacidad de la Casa Rosada”, agregó Córdoba.

A su turno, un estudio realizado por la consultora Ideia/Big Data también detectó un fuerte pesimismo respecto a los objetivos del acuerdo con el FMI. El 64% no cree en las declaraciones emitidas por el organismo, sólo 4% sí cree en ellas y un 32% dijo no saber qué opinar (ver datos abajo; click para agrandar). Respecto a la promesa del gobierno de que el acuerdo protegerá a la población más vulnerable, el 44% no cree en ella y apenas el 19% sí (es decir, por debajo del núcleo más duro de la Alianza Cambiemos, del orden del 25%) y un 37% dijo no saber (ver datos al final; click para agrandar).

Estos datos se articulan de manera consistente con el planteo que oportunamente hizo De Angelis: “desde el oficialismo se deberían morigerar los festejos por el acuerdo con el FMI. En este sentido también causaron perplejidad las declaraciones de esta semana del nuevo hombre fuerte del Gobierno, Luis `Toto` Caputo, cuando expresó que la corrida cambiaria `es lo mejor que nos pudo haber pasado. Esto nos obligó a ir a pedir el crédito al Fondo Monetario, que nos da mucha mayor certidumbre, particularmente con el financiamiento`. La historia argentina muestra que los acuerdos con el Fondo si bien pueden traer un breve oasis de estabilidad cambiaria, tienen un alto costo social y requieren fuertes acuerdos políticos para ser posibles y viables. Ese es uno de los problemas con que se enfrenta el Gobierno, pues para llevar adelante los acuerdos con el organismo multilateral de crédito deben pasar por el Congreso algunas leyes, como la nueva Carta Orgánica del Banco Central, el nombramiento del propio Caputo al frente del BCRA y la autorización para desarmar el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses. Va a ser muy difícil que el peronismo “conversador” apruebe una serie de leyes que no solo condicionarán al gobierno siguiente, sino que dejará a esta rama peronista como socia del macrismo en fuertes decisiones sobre las que no ha sido consultada, y que expondrán a las huestes del Miguel Angel Pichetto a un cogobierno virtual sin los beneficios correspondientes”. A este análisis, le agregamos un punto ya planteado en posteos anteriores: el significante “FMI” agrava el envejecimiento marcario de Cambiemos (fenómeno visible desde hace unos meses antes del anuncio del acuerdo, pero agudizado desde mayo).

Citábamos en el post anterior la encuesta de Dalessio Irol – Berenzstein, cuyos datos confirmaban que el malestar socioeconómico sigue construyendo tendencias estructurales en la opinión pública. Según el informe, “la crisis cambiaria activa el pesimismo y diluye el capital político de Macri. Los sucesos económicos recientes acentuaron la crítica del presente y el pesimismo hacia el futuro (…) inflación e inseguridad continúan siendo los temas preocupantes más recurrentes. Muestran interés por la corrupción, con foco en el pasado o el presente según posicionamiento político". En total, un 78% de los encuestados asume que está "peor o mucho peor" que hace un año y sólo un 20% señala estar "mejor o mucho mejor", lo que arroja un diferencial negativo de 58 puntos porcentuales. En cuanto a la expectativa, para el 57% son negativas y para un 39% son positivas, de lo que resulta un diferencial negativo de 18 puntos porcentuales (ver datos arriba; click para agrandar).
Otros estudios confirman la línea interpretativa por la cual la crisis explica un desgaste que atraviesa los vaivenes de la coyuntura (con "issues" como el Mundial y la despenalización del aborto, entre otros). Vale decir, si bien esos temas son fuertes, no llegan a desplazar la centralidad de la agenda económica que es la que está castigando al gobierno, habida cuenta de que problemas como la inflación impactan directamente en el metro cuadrado de los electores. En esa línea, un informe de la consultora CEIS apuntó que “la percepción sobre la situación económica y las políticas en la materia son el principal punto oscuro en la evaluación presidencial. Con relación a las respuestas de los entrevistados en cuanto a la comparación de la economía respecto del 2017, el 65% piensa que la economía ha 'empeorado'. Al observar las respuestas acerca de la situación económica del país en el presente, un 32% de los encuestados sostiene que es mala y el 31% piensa que es muy mala, mientras que el 35% tiene una evaluación positiva y considera que es buena o muy buena. En cuanto a las expectativas a futuro, un 16% de los encuestados sostiene que la economía 'seguirá igual', sin embargo las expectativas de 'mejora' económica alcanzan a un 25% de la población, mientras que casi 6 de cada 10 encuestados creen que la misma empeorará". Dentro de la agenda económica, el estudio también detecta que el tarifazo gravita fuertemente: con relación al aumento de tarifas de luz, gas y transporte, casi 2 de cada 3 encuestados respondieron estar "poco de acuerdo" o "nada de acuerdo" con el aumento de tarifas de los servicios, y el 60% los considera desmedidos. Respecto al aumento del dólar, el 71% de la población responde que lo afecta, mientras que un 20% cree que no lo afecta. En cuanto a la decisión del gobierno de volver al FMI, el 16% de la población está "muy de acuerdo" y el 22% está "algo de acuerdo", mientras que el 19% "está poco de acuerdo", llegando al 43% la proporción de quienes están "nada de acuerdo".
A su turno, el Monitoreo Nacional de Ricardo Rouvier & Asociados de junio detectó que casi el 62% (61,8%) desaprueba la gestión de gobierno, mientras que sólo 33,1% la aprueba. Estos datos confirman la tendencia según la cual el apoyo al oficialismo perfora el 40%, alejándose del orden de magnitud del resultado obtenido en las legislativas de 2017 (42%) y se repliegan a valores más cercanos al 30%, es decir, núcleo duro de Cambiemos (lo que obtuvieron Macri+Sanz+Carrió en las PASO del 2015: 30,12%). Al mismo tiempo, las expectativas económicas se encuentran en su peor momento: el 69,4% no cree que la inflación vaya a bajar. Asimismo, el estudio de Rouvier coincide con el de Dalessio Irol – Berenzstein en mostrar un “efecto de contraste” en virtud del cual la imagen de la principal dirigente opositora, Cristina Fernández de Kirchner, mejora relativamente, de la mano de una leve baja de la imagen negativa y un crecimiento también módico de la imagen positiva. Si se observa la serie evolutiva, de medición a medición las variaciones son estadísticamente no significativas: por ejemplo, entre mayo y junio la calificación positiva crece apenas 0,3 puntos porcentuales, mientras que la negativa cede 0,4 puntos porcentuales. Sin embargo, si la mirada se amplía hasta diciembre de 2017 y toma todo el primer semestre de 2018, la variación en la imagen positiva gana sustancia (4,7 puntos porcentuales), al igual que la baja en negativa (-4,1 puntos porcentuales) y la tendencia adquiere consistencia, ya que la favorable crece a lo largo de todos esos meses a costa de la desfavorable (ver datos abajo; click para agrandar).

Como venimos planteando, estas tendencias (desgaste oficialista y reposicionamiento de la principal opositora) van recreando las condiciones de una polarización de cara al 2019. Se sabe que ese recurso le sirvió al gobierno en los recientes turnos electorales; sin embargo, hoy una nueva apuesta a la polarización encierra diversos riesgos. Por caso, cuando el presidente Mauricio Macri ensayó esa movida en el debate por el proyecto antitarifazo (que luego vetó), diversos analistas consideraron un error estratégico de Macri el haber intentado forzar un cambio del peronismo moderado por la vía de agitar el "fantasma" de Cristina Kirchner. "Puede tener sus ventajas tácticas a corto plazo, pero estratégicamente es muy peligroso, sobre todo en momentos de tensión económica. Al usar a Cristina como la otra opción frente al actual Gobierno, si alguien tiene dudas sobre la economía argentina, esas dudas van a aumentar. Al Macri polarizar y decir si a mí me va mal lo que viene es Cristina, el que tiene que decidir una inversión lo que va a hacer es frenar todo y esperar a que aclare. De modo que una estrategia de este tipo puede complicar aún más la crisis, en lugar de ir resolviéndola", evaluó Rosendo Fraga, director de la consultora Nueva Mayoría.