lunes, 19 de febrero de 2018

Reformismo permanente y malestar socioeconómico

En las entradas recientes advertimos que los datos de opinión pública dan cuenta de un malestar socioeconómico manifiesto desde que el oficialismo presentó su paquete de reformas poselectorales. Sin embargo, ese malestar ya ha expresado (a veces con latencia, otras de manera más abierta) en los dos años de gestión de Cambiemos: en todo caso, lo que las encuestas están mostrando ahora es un efecto acumulado que erosiona el apoyo al gobierno nacional y, como dato nuevo, un deterioro de las expectativas que hasta el momento le resultaban favorables. El seguimiento de estos datos resulta crucial a la luz de nuestra premisa analítica: “a mediano y largo plazo, los efectos socioeconómicos son los que construyen las tendencias de opinión pública, más allá de los vaivenes de la coyuntura". 


En este marco, un estudio elaborado por la encuestadora Management & Fit marcó que un 45,3% de argentinos desaprueba el gobierno de Mauricio Macri. La encuesta fue realizada sobre un universo de 2 mil personas en todo el país y reveló que entre quienes rechazan al gobierno de Cambiemos, un 20,6% votaron a Macri en 2015. La desaprobación es mucho mayor entre los votantes de Sergio Massa/UNA (79,2%) y los de Daniel Scioli/FPV (82,8%). Que casi un 21% de votantes de Macri en el ballotage del 2015 desapruebe al gobierno nacional muestra que el malestar actual va más allá de “la grieta”: es decir, permea el sesgo “polarizador” que se advierte en otros temas de opinión pública y por lo tanto implica un desgaste de la base electoral que hizo posible el triunfo de Macri en aquel 22-N. 

Si bien es cierto que parte del malestar se agudiza por "issues" de la coyuntura política (según la encuesta de M&F, el 42,5% califica de corrupción al caso Triaca, en tanto que apenas un 19,1% lo definió como un “descuido personal”), la participación de problemas en la agenda confirma a la economía como driver clave en la construcción de opinión pública. La inflación es la principal preocupación para el 17,1% de los argentinos, seguida de cerca por la corrupción (16,6%), la desocupación (15%) y la inseguridad (15%). En la misma línea,  el 40% opinó que los aumentos de tarifas en servicios públicos son “innecesarios”, mientras que un porcentaje similar (38%) sostuvo que son necesarios pero se aplican de forma “excesiva”. Asimismo, un 40,2% dijo estar en desacuerdo con la reforma laboral, y un 53% de quienes opinan así cree que “beneficiará a los grandes empresarios”, lo que tiende a confirmar el sesgo clasista favorable a las clases más altas que se atribuye a Cambiemos y que hemos apuntado varias veces en este blog.

Otro estudio nacional, realizado por la consultora M&R y Query Argentina sobre una muestra de 992 casos relevados entre el 2 y el 5 de febrero (con un margen de error de +/- 3,18%), arroja un diferencial negativo de imagen para el presidente Mauricio Macri: -12%, resultante de la brecha entre la imagen positiva (39,1%) y la negativa (50,7%). La caída de imagen es de casi 14 puntos porcentuales respecto a febrero de 2016 (de 53% a 39,1%) y el registro se ubica casi al mismo nivel que en febrero de 2017 (40%; ver datos arriba; click para agrandar). Un desgaste similar se aprecia en los indicadores de aprobación de la gestión presidencial: casi 33% la aprueba, contra 55,6% que la desaprueba. Vale decir que la aprobación se ubica en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Macri en la primera vuelta presidencial del 2015 (34,15%). Rastreando regularidades estadísticas, los gráficos ponen en evidencia que los dos últimos veranos resultaron desfavorables para los indicadores de imagen del oficialismo. Esto también implica que el oficialismo puede recuperarse, como lo hizo luego del verano de 2017, a punto de confirmarse como primera minoría electoral en los comicios de medio término. Sin embargo, con el correr de la gestión, Cambiemos necesitará generar efectos socioeconómicos positivos que contrarresten el actual malestar: el consenso negativo respecto de la gestión CFK le bastó para ganar en los últimos dos comicios, pero en el tránsito al próximo turno electoral de 2019 el cambio ha de traducirse en contenidos y elementos de consenso positivo propio y ya no puede volver a ser sólo (o básicamente) antikirchnerismo. El recurso de contraste con el gobierno anterior se agota en la medida en que es la actual gestión la que ocupa ahora el centro del escenario y la que se ubica como referencia de las demandas y las expectativas. 

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