martes, 1 de enero de 2019

Avenida Brasil, de cara al 2019 en Argentina (1)

La asunción presidencial de Jair Bolsonaro en Brasil reactualiza la pregunta sobre el espacio para el surgimiento de una figura similar en nuestro país (donde tiene una imagen positiva del 17,6%, una negativa del 37,1% y un 32,1% no lo conoce, según datos del Observatorio Electoral recabados en medio del proceso electoral brasileño; ver datos al lado, click para agrandar) de cara al 2019 electoral. Aunque todavía no comenzó a gobernar, hoy el consenso de los analistas es que Bolsonaro tendrá una agenda conservadora en lo político y liberal en lo económico. La encuesta nacional más reciente que incluyó figuras de ese perfil fue la realizada por Gustavo Córdoba y Asociados en diciembre: el economista José Espert, representante del liberalismo crítico o desencantado con Cambiemos en lo socioeconómico, y el diputado nacional Alfredo Olmedo, representante de un discurso más a la derecha o conservador en lo sociopolítico que el promedio de Cambiemos. Esas "fugas por derecha" le cuestan en ese escenario 8 puntos electorales a Cambiemos, un guarismo que está en el mismo orden de magnitud de la diferencia que CFK le saca a Mauricio Macri: 7,7 puntos porcentuales. Vale decir, hoy la presencia de Macri/Cambiemos obtura la posibilidad de que candidaturas con posiciones más extremas en lo político o en lo económico pudieran prosperar más allá de una instancia de PASO o en primera vuelta, pero al mismo tiempo esas candidaturas podrían hacer que el presidente pierda en esas instancias por una brecha estadísticamente significativa frente a la ex presidenta (30,9% a 38,6%; ver todos los datos abajo, click para agrandar).



Se puede asumir la hipótesis de que ambos caudales, el 5% de Espert y el de 3% de Olmedo (que en un estudio anterior, realizado por M&R/Query, se ubicó en el mismo orden de magnitud, con 3,6%; ver datos abajo, click para agrandar) volverían a Macri en el decisivo ballotage. Sin embargo, una hipótesis alternativa podría ser que Cambiemos decida ir por esos votos en la PASO y/o en primera vuelta, para quedar mejor parado de cara al ballotage del 24 de  noviembre y evitar un triunfo módico de Cristina Fernández de Kirchner. El periodista Fabián García planteó esta posibilidad oportunamente: "El drama del presidente es el piso desde el que partirá en busca de su reelección, por eso su equipo de comunicación trabaja sobre el eje ideológico-cultural para fidelizar a sus votantes y hacer crecer su franja electoral propia. Como la economía no dará buenas noticias, más allá del blindaje mediático, hasta al menos el segundo trimestre del año que viene o incluso más adelante, la estrategia es un giro a la derecha en su discurso, no sólo en lo económico -neoliberal versus populista- y político -anti Kirchnerista y anti-peronista-, sino cultural -autoritario y xenófobo-". En ese giro, García apuntó los discursos en el que Macri dijo que había que restringir el ingreso de inmigrantes al país y aceptar a aquellos que “venían a trabajar”, y la afirmación de la ministra Patricia Bullrich habilitando la idea de que los argentinos podemos andar armados. "Estas expresiones siempre fueron marginales en las formaciones políticas argentinas, pero ahora inician una experiencia inédita aupadas de una fuerza política mayoritaria. Habrá que ver qué piensa y hace la UCR, un partido ubicado en las antípodas de ese pensamiento conservador, por su original ideario liberal, aunque hoy subido al carro del presidente sin demasiados cuestionamientos", decía García. Parte de la respuesta está en el mismo escenario planteado por Córdoba & Asoc: si Cambiemos tuviera otro desprendimiento, esta vez por el ala "socialdemócrata" con una candidatura de Ricardo Alfonsín, eso le costaría otros 4 puntos. 



La politóloga Celia Kleiman, directora de Polldata Consultores, interpreta un giro a la derecha más dura del gobierno de la siguiente manera: "De nuevo el Gobierno le habla a su núcleo más duro, seguramente es una demanda de ese sector. Pero no veo que sea una demanda del resto de la sociedad. El PRO siempre fue de derecha, no es ninguna novedad. Quizás lo está haciendo más manifiesto, ensalzando líderes de derecha como Trump, Macron, Putin. Refuerza a su electorado, dice lo que su electorado quiere escuchar. A los indecisos no los van a decidir con estas posturas, quizás a un sector muy chico. Esto no amplía demasiado la intención de voto, no lo veo como una tendencia". Así, la analista apuntó que en los focus group de zonas como el Conurbano empieza a aparecer cierta preocupación por los excesos de las fuerzas de seguridad al exigir documentos, por ejemplo. "Sí hay una demanda de la sociedad por la puerta giratoria, por el mal funcionamiento de la justicia. Pero se le adjudica al Poder Judicial, no al gobierno", indicó. En la misma línea, según el mapa de posicionamiento realizado por el Observatorio Crítico de la Opinión Pública el 22 de noviembre pasado, el espacio Cambiemos es el más próximo a la estrategia de Bolsonaro en los términos específicos del análisis de su inscripción en el campo de la opinión pública (ver datos abajo; click para agrandar). 



Recordemos que en diciembre pasado el gobierno impulsó el cambio del protocolo anunciado por Bullrich, que según un estudio realizado por Management & Fit rozó un acuerdo del 60% contra un desacuerdo de casi el 40% (ver datos abajo; click para agrandar). No es la primera vez fue el gobierno ensaya esa línea dura para mejorar su posicionamiento en las encuestas; la anterior se dio con el caso Chocobar, pero luego la crisis socioeconómica se llevó puesto cualquier efecto de sintonía que pudiera haber capitalizado. Finalmente, otro factor que limita las oportunidades de surgimiento de un Bolsonaro en Argentina es que el antikirchnerismo claramente ya fue capitalizado por Cambiemos desde el 2015. "La principal razón del crecimiento de Bolsonaro está ligada, para la historiadora Maud Chirio, «a la construcción de la hostilidad hacia el Partido de los Trabajadores (PT) y a la izquierda en general. Esta hostilidad recuerda el anticomunismo de la Guerra Fría: teoría del complot, demonización, asociación entre taras morales y proyecto político condenable. Bolsonaro se apropió de este simbolismo de rechazo, que se sumó a las implicaciones del PT en casos de corrupción. No se trata solo de un desplazamiento de los conservadores hacia la extrema derecha, sino de una adhesión rupturista»". Con los matices del caso, el antikirchnerismo y el peronismo ya encontraron su canal en Cambiemos y Macri; eso hace poco factible que ese sentimiento pueda desplazarse hacia otras formaciones más moderadas discursivamente (Alternativa Federal) o con menos volumen electoral (Espert y Olmedo).



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